La formación de la conciencia liberal

Es un fenómeno reciente que los estudiantes universitarios cuando tienen la más fácil posibilidad, se transforman en internautas y abandonan en un click la realidad del salón de clase para viajar por las dimensiones del universo virtual, donde la tecnología permite  la facilidad de moverse  a las cotidianas redes sociales como también a los lugares más extraños  que cualquiera se pueda imaginar… Para muy pocas personas  es un secreto que cada vez son más numerosos los sitios dinámicamente  diseñados,  con información y con  imágenes atractivas para atrapar emocionalmente a cualquier navegante.

Sin caer en exageraciones, en un abrir y cerrar de ojos, los estudiantes no están en la dimensión de lo que está conversando el profesor, ellos están desconectados de la clase y en ese sentido su atención y sus controles mentales se pueden encontrar muy distantes de la universidad…

Los  cursos importantes en la UFM, como  los que imparte el CHH,  requieren  necesariamente que cada estudiante ponga toda su atención para comprender la información  que se encuentra algunas veces  dispersa en el  discurso, otras veces lo esencial se encuentra  oculto en el pensamiento metafórico de los autores. Y para eso es  indispensable tener los pies en la tierra y el pensar en la dimensión del aula. Absolutamente nada se puede comprender si los estudiantes  están  dotados de grandes cualidades intelectuales pero  se encuentran  con sus    neuronas  en una órbita lejana. Este  no es un problema intrascendente, al contrario es un problema muy serio que merece toda nuestra atención por las consecuencias  que la “fuga virtual”  tiene  sobre la consciencia de los futuros profesionales.

Afirma  Nathaniel Branden en los “Seis pilares de la autoestima” que los humanos somos seres para quienes la consciencia es volitiva. Esto significa que el diseño de nuestra naturaleza  contiene una opción extraordinaria:  la de enfocar nuestra mente o no hacerlo, en otras palabras tenemos la opción de ejercitar nuestras facultades o de subvertir nuestros medios de supervivencia y de bienestar. Esta capacidad de dirigirnos por nosotros mismos es nuestra  fortaleza y en ocasiones nuestra debilidad.

Si no aportamos un adecuado nivel de consciencia a nuestras actividades, si no vivimos de manera consciente, el precio inevitable es un deficiente sentido de eficacia personal, en el más completo significado.  Nuestra mente es nuestro instrumento básico de supervivencia. Si se traiciona ésta es peligroso. La forma más simple de esta traición es la evasión de los hechos.  Evadirnos del salón en el desarrollo de la  lección es permitir que los hechos equivocados de una realidad irracional sigan permeando en la mente de las personas que pasan por la universidad y se gradúen con escasos instrumentos para ir cambiando desde sus posiciones individuales  y profesionales esa difícil realidad actual.

Vivir de manera consciente significa intentar ser consciente de todo lo que tiene que ver con nuestras acciones, propósitos, valores y metas –al máximo de nuestras capacidades, sean cuales sean éstas-  y comportarnos de acuerdo con lo que vemos y conocemos, dice Branden.

Uno de los conceptos que debemos enseñar a nuestros alumnos para toda su vida es que la idea de vivir  de manera consciente lleva implícita la de estar presente en lo que uno hace. Si estoy enamorando a mi pareja hay que estar presente en esa experiencia,  si estoy jugando fútbol con mis amigos, hay que estar con mis amigos y no en otro lugar. Se trata de hacer lo que estoy haciendo mientras lo estoy haciendo.

Esto no quiere decir que mi consciencia se reduzca sólo a la experiencia sensorial inmediata, desvinculada del contexto más amplio de mi conocimiento. Deseo estar en el momento pero no atrapado en el momento, este es el equilibrio que me permite estar en la disposición más rica en recursos. Debemos tener claro que cada experiencia tiene su momento, de esa cuenta   la riqueza de viajar por el mundo virtual, así como también divertirnos con  conversaciones intrascendentes y enviar los textos más locos  por teléfono deben tener su momento oportuno,  que debe ser durante el tiempo libre y ese abunda exquisitamente en la época de estudiante.

Lo intensamente paradójico para  los profesores del Centro Henry Hazlitt en la realidad pedagógica universitaria lo constituye el reto de establecer el mayor número de conexiones entre los contenidos de los programas y el universo virtual con el objetivo de formar un “sistema informático” donde se complementen de forma integral, así como lo han planteado Douglas Thomas y John Seely Bronwn en el libro “A new culture of learning”, que tuvimos la oportunidad de discutir en un curso, y en donde hemos podido analizar las inmensas posibilidades  que se ocultan en esos sitios extraños y alucinantes… y que a través de la exploración estudiantil representan un maravilloso desafío para la educación liberal.

Debemos tener siempre presente que una de las razones por la que debemos constantemente motivar y solicitar sin compromisos  la atención de nuestros  estudiantes en el aula  es porque la realidad ideológica está totalmente  deformada, repleta de demagogias colectivistas de los más variados matices que se fueron inculcando a través de los años en  nuestra sociedad.  Y conocer la teoría liberal de la Escuela Austriaca, con sus principios económicos y su filosofía requiere de un espíritu alerta,  en el que no debemos olvidar que  aprender a vivir de manera consciente es vivir aprendiendo a ser  responsables  hacia  esa realidad. No es necesario que nos tenga que gustar lo que vemos y escuchamos, pero tenemos que reconocer que los profesores realizamos una contribución decisiva en el proceso de madurez intelectual de los estudiantes.

En el caso específico de las clases del CHH no se trata únicamente de trasmitir información, sino que  debemos establecer comunicación,  que es un reto de mayor trascendencia porque implica la  responsabilidad de la formación de la consciencia liberal en los futuros profesionales y para esto debemos poner en juego toda nuestra imaginación, nuestra sensibilidad y por encima de todo nuestra razón.

Enrique Ramírez B.  

reramirez@ufm.edu

El salario mínimo diferenciado: legal y beneficioso

“Guatemala tiene tasas de inversión y ahorro sumamente bajas que mantienen al país en un nivel de pobreza que solo va superando con mucha lentitud.”

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Hace poco se anunció el nuevo salario mínimo para 2015. En dicho acuerdo se acordó un salario de Q.2,394.40 excepto para los municipios de San Agustín Acasaguastlán, Guastatoya, Estanzuela, Zacapa, y Masagua, para los cuales habría un salario mínimo de Q.1,500.00.

Esta decisión ha sido bien recibida por algunos y fuertemente criticada por otros. Los argumentos van porlas consecuencias económicas. El aspecto legal en cuanto a que cuestionan su validez jurídica y en cuanto al aspecto económico porque hay quienes piensan que es una decisión perjudicial para los trabajadores. Intentaré opniar brevemente sobre ambos aspectos del asunto.

Desde el punto de vista legal creo que la decisión es perfectamente legal y compatible con la Constitución y los principios del derecho de trabajo. El inciso “f” del artículo 102 de la Constitución establece que el salario mínimo fijado “de conformidad con la ley” es un derecho del trabajador. A su vez, la “ley”, en el artículo 103 del Código de Trabajo establece que el salario mínimo debe fijarse “atendiendo a las modalidades de cada trabajo, a las particulares condiciones de cada región y a las posibilidades patronales en cada actividad intelectual, industrial, comercial, ganadera o agrícola”.

De la lectura de la propia ley podemos concluir que el salario mínimo se fija tomando en cuenta varias circunstancias, entre ellas las condiciones de cada región. Está claro que por las condiciones menos afortunadas de ciertas regiones respeco de otras, los salarios que se fijen en unas regiones pueden ser más bajos. De hecho, ya hay un precedente que reconoce que establecer un salario diferenciado no viola el derecho de igualdad. Así lo manifestó la Corte de Constitucionalidad en el expediente 1022-2011 cuando se le cuestionó por la constitucionalidad de un decreto que establecía un salario mínimo distinto para la actividad maquilera y exportadora.

Ahora veamos el aspecto económico. Está claro que todos quisiéarmos que los salarios fueran más altos. Dicho de otro modo, todos quisiéramos acabar con la pobreza.   Sin embargo, fijar salarios mínimos más altos definitivamente no resuelve el problema. El salario solo puede aumentar en la medida que la demanda de trabajo aumente. La demanda de trabajo solo puede aumentar en la medida que la inversión incremente.

Guatemala tiene tasas de inversión y ahorro sumamente bajas que mantienen al país en un nivel de pobreza que solo va superando con mucha lentitud. Necesitamos generar más empleos y está claro que ofrecer un salario mínimo más flexible es un incentivo importante para lugares de la provincia donde se crean pocos empleos formales. La inversión no fluye hacia la provincia por muchas razones: falta de infraestructura, mano de obra poco calificada, mercados pequeños y de bajo poder adquisitivo, entre otras. A ello hay que sumar el salario que es un costo más (uno muy alto sobre todo para los pequeños y medianos empresarios).

Edgar Ortiz

Imagen: http://www.prensalibre.com/multimedia/Protesta-favor-salario-diferenciado_PREIMA20150209_0159_1.jpg

Filosofía del “¿qué hay de lo mío?”

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Esta “filosofía” podría traducirse como: “¿y mi parte del pastel?” Se ha producido riqueza en la sociedad y realmente su distribución me parece injusta, por lo tanto sería deseable redistribuir renta desde aquellos que mejor parados han salido en el reparto hacia aquellos que más se lo merecen (y que sospechosamente coincide con el grupo social desde el que se lanza la petición).

La base de esta “filosofía” se encuentra en la creencia de que la distribución del ingreso es independiente de su creación. Este primer error tiene su origen en el (por otra parte brillante) economista inglés del siglo XIX John Stuart Mill. El mismo rompe con la tradición de los economistas clásicos que afirmaban la completa interrelación entre estos elementos. Según este postulado podríamos repartir la riqueza obtenida de la manera que quisiéramos sin afectar ni un ápice a la creación futura de esa misma riqueza, serían circuitos independientes en la estructura económica.

Sin embargo este planteamiento olvida las expectativas que se forman los agentes económicos ante los incentivos que provoca la redistribución del ingreso. Por un lado los productores se verán marginalmente empujados a dejar de producir ante la amenaza de no ser capaces de apropiarse del fruto de su trabajo. Esta disminución de la actividad económica es tanto mayor cuanto mayor sea la redistribución del ingreso, al fin y al cabo nadie produciría ni trabajaría si se conoce de antemano que no se tendrá una compensación de algún tipo por el esfuerzo realizado.

Por otro lado aumentan los potenciales buscadores de esa redistribución. Se introduce el incentivo a los agentes a cambiar la actividad productiva por la actividad política (entendida como presión para recibir redistribución). Es la clásica distinción entre medios políticos y medios económicos. Ante la posibilidad de conseguir riqueza mediante la redistribución los individuos lanzan todo su esfuerzo y creatividad a conseguir esta redistribución. Así cambiamos marginalmente el esfuerzo de los ciudadanos desde producir para satisfacer necesidades de terceros a presionar para conseguir una parte de los bienes producidos sin necesidad de dar algo a cambio, es decir desde creación de riqueza a parasitismo.

Otra importante pata es de la citada filosofía es que los incrementos de la producción son independientes de los métodos y técnicas empleadas para lograrlos. Consecuentemente la pregunta sería, si la economía el año que viene crecerá un 4%, ¿cómo nos lo repartimos? Una vez más el planteamiento es falaz. Si aumenta la cantidad de bienes y servicios disponibles (o su valor) con una cantidad de factores constante esto es sinónimo de aumentos de productividad y estos mismos suelen ser el reflejo de un mejor aprovechamiento de recursos como nuevos procesos industriales que permiten hacer más producto con menos esfuerzo o investigación en desarrollo de nuevos productos con gran capacidad de satisfacer nuevas necesidades. La recompensa a los iniciadores de este proceso es una temporal renta extra que consiguen con unos mejores términos de intercambio. Es temporal debido a que la competencia tiende a volver más productivos a sus potenciales competidores (por imitación) y en el corto plazo desaparecen las ganancias derivadas de estos aumentos en la productividad por lo que la economía en su conjunto se encuentra en una posición mejor que la anterior al aumentar productividad y extenderse el ingreso derivada de la misma.

Este proceso se repite una y otra vez constantemente en múltiples industrias, pero si redistribuimos esas rentas temporales a las que estamos haciendo referencia estaremos eliminando el incentivo a que aumente dicha productividad. Ninguna economía puede permitirse tener impuestos a la productividad, pero las economías más pobres con mucha mayor razón, a no ser que el objetivo sea perpetuar la pobreza.

En definitiva la filosofía del “¿qué hay de lo mío?” fomenta actitudes egoístas al fomentar participar en las rentas que no se han creado y provoca pobreza al disminuir los incentivos a producir y a mejorar los procesos productivos. La respuesta es entonces clara: no a la redistribución.

Daniel Fernández Méndez

 

 

 

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La otra guerra en la Guatemala de posguerra

Las ONG que encubren actos terroristas mientras reciben dinero de contribuyentes europeos deben ser una precaución para Latinoamérica

Antón Toursinov

El caso de los nefastos resultados de la “paz” guatemalteca debe servir de ejemplo a los países latinoamericanos, hostigados por las guerrillas rojas que intentan legalizarse a toda costa. Los únicos objetivos de los terroristas guatemaltecos, salvadoreños, colombianos, mexicanos, peruanos y de otros países han sido llegar al poder para vengarse del propio Estado y sus fuerzas de seguridad y, de paso, lucrar con la desgracia humana que los mismos terroristas han sembrado.

En Guatemala en 1996 se firmaron los Acuerdos de Paz bajo las condiciones chantajistas de la guerrilla. Los países europeos, siendo garantes de estos acuerdos, insistieron en la creación de las organizaciones no gubernamentales (ONG) dedicadas a la protección de los derechos humanos —organizaciones no auditables y no fiscalizables— y se comprometieron a mantenerlas económicamente a través de las donaciones.

Así, la “defensa de los derechos humanos” se ha convertido en un negocio en este país centroamericano, pero un negocio exclusivo de los exguerrilleros terroristas. Sin embargo, escondiéndose bajo la piel de los “defensores” y percibiendo millones de euros del dinero ajeno, los activistas de ONG siguen sembrando el terror entre la población y continúan destruyendo la propiedad pública y privada.

 

La “defensa de los derechos humanos” se ha convertido en un negocio en este país centroamericano, pero un negocio exclusivo de los exguerrilleros terroristas

Desde principios de los años 90, los exguerrilleros han conseguido espacios en el Gobierno y en la prensa nacional: entraron en la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) y otras organizaciones semejantes que “contabilizaron” sin ningún rigor estadístico —o por lo menos hasta la fecha no lo han presentado— las 200.000 y pico víctimas de la guerra civil, lo que horrorizó al mundo.

La información sesgada sobre Guatemala les ayuda hasta la fecha a provocar más pena y lástima en el extranjero, por lo que los ahora “defensores de los DDHH” —los mismos terroristas de la época del conflicto— han logrado donaciones astronómicas. Por ejemplo, entre 2007 y 2013, el Gobierno y ONG guatemaltecas han recibido más de €135 millones de parte de la Unión Europea, entre otras donaciones.

Claro que el enfoque mediático principal de la exguerrilla es la comunidad internacional. Las ONG, al sembrar el terror y al perpetuar crímenes en Guatemala, crean la imagen de la violencia desmedida y la violación de los derechos humanos y con eso logran su objetivo: formar la opinión pública internacional, arraigar las imágenes de los horrores de la miseria en Guatemala en la mente del público de allá y asociar la palabra “Guatemala” con los conceptos de injusticia, irrespeto a los derechos humanos y delincuencia en general. Todo ello permite aumentar el flujo de las donaciones.

El caso más sonado en las últimas semanas es el acto terrorista en el municipio de San Juan Sacatepéquez, a escasos kilómetros de la capital guatemalteca.

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En el lugar fueron masacradas 11 personas (todos ellos campesinos indígenas). Se supo desde el momento del crimen quiénes son los responsables: los mismo que se escudan bajo el falso título de los “defensores de los derechos humanos” – concretamente el Comité de Unidad Campesina (CUC) encabezado por exguerrillero y beneficiario de las donaciones internacionales, Daniel Pascual. El mismo CUC que quemó la Embajada de España en 1980 con múltiples víctimas mortales. El mismo CUC que ahora es mantenido con el dinero proveniente de España y otros países europeos —o mejor dicho, con el dinero de los contribuyentes españoles y europeos.

A las ONG en Guatemala les provoca rabia y odio la prosperidad ajena porque sería el fin de sus negocios lucrativos de las donaciones internacionales.

Los asesinados de la manera más brutal del pasado 19 de septiembre eran miembros de las familias que trabajaban en la construcción de una planta cementera en la aldea y conformaban un comité de las víctimas del terrorismo causado por las ONG.

El CUC y demás ONG se ensañan contra las empresas (cementeras, hidroeléctricas, mineras) y contra sus trabajadores, que operan en el país llevando el progreso, generando empleo, construyendo escuelas y centros comunitarios, capacitando a los trabajadores y a los vecinos de los lugares donde construyen sus plantas. Sin embargo, a los “defensores de los DD.HH”. Les provoca rabia y odio la prosperidad ajena porque sería el fin de sus negocios lucrativos de las donaciones internacionales.

No obstante, hay esperanzas de que todo esto no suceda en los demás países que deben tomar en cuenta todos los errores cometidos en el proceso de la mal llamada “paz” en Guatemala. La comunidad internacional, sobre todo los donantes europeos de las organizaciones guatemaltecas, deben estar conscientes de que están financiando el crimen organizado y el terrorismo legalizado que van a seguir sucediendo mientras exista este financiamiento.

Al fin, los ciudadanos europeos tienen que exigir a sus Gobiernos la rendición de cuentas del gasto de sus propios impuestos.

Publicado original para Panam Post http://esblog.panampost.com/anton-toursinov/2014/10/02/la-otra-guerra-en-la-guatemala-de-posguerra/

EL MERCADO DE OTROS

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En Guatemala, dentro de las mismas instituciones públicas se puede encontrar un mercado informal de un sinfín de bienes y servicios.

A simple vista  podrá observar pasillos con basureros llenos y techos de cielo falso con parches vacíos y golpeados por el paso del tiempo;  al lado, unas oficinas sobrepobladas de escritorios donde torres de pintorescos papeles y tazas de café adornan el panorama.

Ahora,  preste atención y agudice el oído podrá percatarse de un numero de transacciones que suceden entre los individuos que forman un mercado informal que no es evidente pero si latente entre los trabajadores de estas entidades. Puede comprar desde queso, crema, huevos, alfajores, galletas, manjares, chumpas de cuero, joyas, ropa, maquillaje, tupperware; usted dígalo, seguro encontrará un ansioso y amigable vendedor.

En este desapercibido mercado encontramos vendedores, compradores, canales de distribución, segmentación de precios, intermediarios, crédito, competencia, reputación de cumplimiento, precios al por mayor, reventa, etc.

“¿Ya vio mi catalogo?”  y “¿Puedo pagarlo a fin de mes?”  Se escucha frecuentemente.

Las leyes de la oferta y la demanda de un mercado libre logran encontrar un dinámico espacio de compra y venta dentro de los mismos trabajadores; logrando entre ellos ajustar de manera natural su salario. “¿A cuánto vende? ¿Tiene más barato? mejóreme el precio”;

Si ellos, dentro de las mismas instituciones gubernamentales lo tienen tan claro ¿Por qué quieren burocratizar el mercado de otros?

Adriana Castellanos Bustamante

acastellanos@ufm.edu

Agotamiento recursos naturales

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La voz del anticapitalista reza; el consumismo exagerado de los últimos siglos está esquilmando el planeta. Es por ello que  debemos  explotar  menos  estos  recursos  materiales, y  dejar algo a las generaciones futuras, pecamos de una falta de “altruismo intergeneracional” que hará que nuestros descendientes vean reducida su calidad de vida. Y es que a fin de cuentas un crecimiento infinito es imposible en un mundo finito… ¿Es esto cierto?

Esta visión es, por desgracia, ampliamente aceptada en las sociedades actuales, sin embargo el razonamiento es en extremo simplista y en su mayor parte erróneo.

En un mundo estático, estas reclamaciones  podrían  tener  algo  de  sentido, efectivamente, si para conseguir un fin determinado se necesitara siempre la misma cantidad  de  recursos,  y  estos  además  no  pudieran  sustituirse  entre  ellos,  la argumentación sería válida. Por fortuna la característica esencial del ser humano es su creatividad y el uso de la razón para resolver los problemas. De esta manera, lo que ayer se hacía con un esfuerzo enorme hoy  puede  realizarse  con  una  cantidad  de recursos ínfima. La producción de una pequeña granja actual en un país desarrollado hubiera necesitado de vastas extensiones y de una ingente cantidad de mano de obra en  el  neolítico.  El  ser  humano  consigue,  gracias  a  su  creatividad  hacer  más  con menos. Es decir aumenta su eficiencia en el uso de los recursos.

Además el hecho de que una misma necesidad pueda ser satisfecha de un casi sinfín de formas,  y  que  muchas  veces  un  mismo  producto  pueda  ser  fabricado con diferentes materiales viene a resaltar que la limitación física de los recursos naturales podría no ser tan importante. Cuando un recurso empieza a ser escaso, o se prevé que lo sea en un futuro, y es muy demandado, su precio comienza a subir, haciendo a los productos con el fabricados menos competitivos y atractivos a los consumidores, empezando  rápidamente  a  aparecer  sustitutivos  que  pueden  ser  realizados  con materiales muy diferentes, que no se prevean sean escasos en el futuro.

De forma que el agotamiento de un recurso natural es altamente improbable, ante el eventual futuro agotamiento, el alza de precios hace que se restrinja su consumo, destinándose a los usos más urgentemente sentidos por los consumidores. Este alza de precios no tiene porqué  resultar  en  un  peor  nivel  de  vida  de  los  consumidores afectados, ya que el ingenio empresarial, en su búsqueda de beneficios va a tender a proveerles bienes que en su proceso de fabricación utilizan mucho más eficientemente el recurso o bienes sustitutivos fabricados con otros recursos.

Además,  la  temida  especulación  viene  en  ayuda  de  las  más  inquietas  mentes ecologistas.  Ante  la  potencial  escasez  futura  de  cualquier  recurso,  los  empresarios especuladores  siempre  deseosos  de  obtener  beneficios  evitarán desperdiciar el recurso hoy en cualquier rama productiva si prevén que mañana este recurso va a multiplicar su valor. Es decir tienen un poderoso incentivo a guardarlo, e incluso a reproducirlo en la medida de lo posible. En otras palabras, los especuladores guardan,  conservan  e  incluso  si  pueden  multiplican  los  recursos  naturales  más escasos. Además, al sacar del mercado grandes cantidades del recurso, provocan un alza en su valor, desatando los mecanismos descritos anteriormente de búsqueda de eficiencia  y  de  recursos  alternativos,  con  lo  que  la  función  beneficiosa  de  estos especuladores para la conservación de los recursos es doble.

Un gran ejemplo sería la producción de energía, en el caso del carbón o el petróleo su mayor escasez tan solo incentiva otras formas de producir energía y no tanto un agotamiento del recurso, de hecho hoy en día tenemos formas más baratas de producir energía, algunas renovables (eólica) y otras no (nuclear).

 

Daniel Fernández Méndez

El fraude y los peligros de la monetización de deuda pública

De forma resumida decimos que hay dos formas por las que un Estado consigue recursos. Una de ellas es mediante impuestos, es decir, extracción de riquezas presentes al sector privado; y la otra es la deuda pública, o, lo que es lo mismo, extracción de riquezas futuras al sector privado. Las alternativas se reducen a impuestos presentes o impuestos futuros.

Existen dos formas de poner en circulación la deuda pública. La primera de ellas es una subasta pública: acreedores privados comprarán los títulos con la confianza de que serán repagados a su vencimiento. A pesar de que socialmente la deuda pública es un fraude, de forma individual los inversores siguen las mismas pautas que para invertir que en deuda privada, esto es, honorabilidad del deudor y capacidad de pago del mismo. En cuanto cualquiera de las dos empieza a tener dudas, el crédito empieza a ser restringido y el tipo de interés exigido aumenta por el mayor riesgo que asumen los acreedores.

La segunda es mediante la monetización. Esto es, la autoridad monetaria – generalmente un banco central – compra los títulos de deuda pública y en contraprestación crea nuevos medios de pago que entregará al Estado. En otras palabras: compra la deuda pública con moneda de nueva creación, por lo que aumenta la cantidad de dinero en la economía en la misma medida que se vende deuda pública al Banco Central.

La razón de utilizar este complicado método estriba en el grado de inconsciencia de los usuarios de la moneda sobre cuál es la verdadera naturaleza del proceso mencionado. En realidad, lo que ocurre es que el Estado, incapaz de vender toda su deuda pública a un interés razonable en el mercado, hace uso del mecanismo monetario para convertir, de forma subrepticia, en acreedores suyos a la población usuaria de la moneda. El usuario de la moneda en relación con la deuda pública tiene dos opciones: comprar o no comprar. Pero, si no compra, se le hace de forma indirecta y escondida partícipe de una deuda pública que nunca quiso comprar. La monetización de deuda pública no respeta las decisiones de los ciudadanos con respecto a qué hacer con su dinero.

La principal diferencia, en términos económicos, entre los dos métodos es la presencia de inflación en el caso de las monetizaciones. En el primer caso, el dinero de los acreedores es utilizado directamente por las administraciones públicas. Aumenta la demanda que el Estado hace de recursos y en la misma medida disminuye la demanda que sus acreedores hacen de recursos. En el segundo caso, el Estado crea nuevas disponibilidades, es decir, nueva moneda con el fin de atraer nuevos recursos. La nueva demanda estatal de recursos se une a la de los agentes privados que no han reducido sus demandas, no han dejado de consumir o invertir para que el Estado lo haga. La nueva moneda así creada tendrá un efecto inflacionista.

La causa última de la inflación son los Estados, que, viéndose siempre cortos de tesorería, proceden a emitir deuda pública y a comprarla ellos mismos mediante el poder que les concede su monopolio de emisión de moneda.

Daniel Fernández Méndez

Piketty, el envejecimiento de los ideales y las marionetas

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clyntonr@ufm.edu

Hace algunos meses decidí utilizar el libro de Thomas Piketty como base de discusión en el seminario de economía II en la FCE, de la UFM. Capital in the Twenty-First Century es un libro apasionante y con muchísimos elementos para generar discusiones en torno a la economía. Quizá es este el primer punto relevante para discutir sobre el libro de Piketty. La concepción de economía de Piketty no es una concepción habitual, al menos para todos aquellos inscritos en la tradición de mainstream economics. La tradición de mainstream economics pretende  generar un método para establecer la idealidad en cuanto a eficiencia de esquemas económicos. Intención confesa del mainstream economics es no pretender realizar lo que ellos denominan juicios de valor, su análisis pretende la objetividad  a través de métodos matemáticos y estadísticos.  Piketty confiesa haber trabajado en Estados Unidos, en una universidad durante dos años luego de haber obtenido su doctorado. Reconoce que esta forma de hacer economía no se enmarca en los ideales franceses de economía. Piketty lo dice así:

“To put it bluntly, the discipline of economics has yet to get over its childish passion for mathematics and for purely theoretical and often highly ideological speculation, at the expense of historical research and collaboration with the other social sciences. Economists are all too often preoccupied with petty mathematical problems of interest only to themselves. This obsession with mathematics is an easy way of acquiring the appearance of scientificity without having to answer the far more complex questions posed by the world we live in”[1].

Piketty hace una crítica a la economía muy apreciada en aquellas teorías económicas alejadas del mainstream economics. Esta crítica es básicamente considerar las posiciones objetivizantes de la subjetividad (intersubjetividad humana) como desvinculadas del mundo de la vida. En el mejor de los casos esas formas de hacer ciencia nos dicen nada acerca de la vida, y en el peor de los casos pretenden imposiciones ideológicas en la intersubjetividad humana. Además, Piketty expresa que un posible camino para poder evitar estos problemas es entender la economía como parte de una ciencia social más amplia. La economía tiene muchos puntos ciegos en su desarrollos metodológicos, especialmente aquellas que tienen la obsesión matemática. Piketty lo expresa así:

“There is one great advantage to being an academic economist in France: here, economists are not highly respected in the academic and intellectual world or by political and financial elites. Hence they must set aside their contempt for other disciplines and their absurd claim to greater scientific legitimacy, despite the fact that they know almost nothing about anything. This, in any case, is the charm of the discipline and of the social sciences in general: one starts from square one, so that there is some hope of making major progress. In France, I believe, economists are slightly more interested in persuading historians and sociologists, as well as people outside the academic world, that what they are doing is interesting (although they are not always successful). My dream when I was teaching in Boston was to teach at the École des Hautes Études en Sciences Sociales, whose faculty has included such leading lights as Lucien ebvre, Fernand Braudel, Claude Lévi-Strauss, Pierre Bourdieu, Françoise Héritier, and Maurice Godelier, to name a few. Dare I admit this, at the risk of seeming chauvinistic in my view of the social sciences? I probably admire these scholars more than Robert Solow or even Simon Kuznets, even though I regret the fact that the social sciences have largely lost interest in the distribution of wealth and questions of social class since the 1970s”[2].

En resumen, el primer pilar sobre el cuál basaré la breve interpretación y crítica a Piketty es: la economía (aunque el no lo diga se está refiriendo a mainstream economics) debería de estar inscrita dentro de una teoría social amplia dentro de las cuales incluye por ejemplo la sociología, y la antropología. De esta forma se podría acercar la ciencia al mundo de la vida y evitar problemas ideológicos de objetivización y la desvinculación de la economía como ciencia a los problemas cotidianos de las personas y hacerla una ciencia útil. Añadiré además aquí que hasta este punto no tengo más que elogios para Piketty. Diría que la tradición austriaca de economía estaría en términos generales de acuerdo con esta exposición.

El segundo pilar de mi interpretación de Piketty es la concepción, el ideal, que maneja heredado de la declaración universal de los derechos del hombre en la revolución francesa. La igualdad y derivado de ella contemporáneamente la democracia y justicia social. Piketty a lo largo de su libro cita el artículo 1 que reproduzco aquí por propósitos de clarificación en la discusión: Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones civiles sólo podrán fundarse en la utilidad pública. Piketty reconoce (en la introducción del libro) que la desigualdad per se no es lo que le interesa, ni un problema, y reconoce que en el artículo citado se reconoce la posibilidad de la desigualdad por utilidad pública. ¿Dónde se encuentra entonces el problema de la desigualdad? Piketty realiza un extenso estudio sobre la evolución de la desigualdad del cuál la mayoría de personas se ha enfocado únicamente, o mayoritariamente en r > g[3] , que conlleva a conclusiones tales como que el mercado trabaja con ponderosas fuerzas internas que llevan a la convergencia (tecnología, y difusión del conocimiento), pero, así mismo tiene otras ponderosas fuerzas dentro de su dinámica que conllevan a la desigualdad más allá de la deseable, o declarada en el artículo 1 de la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. La desigualdad constituida a partir de las base de la propiedad privada porque r > g,  la herencia, y la finitud de de recursos pone en serio peligro la posibilidad de una autentica democracia y de justicia social.

Dados estos dos pilares de interpretación incluiré dos ideas que me permitirán concluir mi crítica a Piketty.

Husserl en su especial lectura de la historia de la modernidad nos deja una teoría interesante sobre el funcionamiento de la ciencia y la razón. Europa (la Europa espiritual dice Husserl) nace del surgimiento de la actitud teorética de los griegos. Esta actitud de teorizar hasta el infinito (sobre el mundo circundante, y sobre todo, según Husserl la filosofía correctamente traducida significa ciencia universal, ciencia de todo) nos ha legado la ciencia. Pero, la ciencia (y la razón), más que creaciones empíricas nos ha legado más ideales. Los ideales tienen un elemento característico que los diferencia claramente de la vida pre – científica: su pretensión de infinitud. Husserl nos lo dice de la siguiente forma:

“(…) las adquisiciones científicas, después de haberse logrado para ellas el método eficaz de producción tiene un modo de ser totalmente diferente, una temporalidad totalmente distinta.  No se gastan, son imperecederas; (…)”[4].

Los ideales de la revolución francesa han sido tomados por la ciencia política, la filosofía, y ahora la ciencia económica (probablemente en Francia, como dice Piketty, también por la antropología, y la sociología) y se les ha dado una connotación imperecedera. Nunca sabremos si la intención original de la declaración de los derechos del hombre fue una broma, si, una broma[5].  Y posteriormente se le dio carácter de seriedad, y  a la vez , y peor aún, carácter de imperecedera.

Esta última palabra me engancha con la última idea de este breve texto. Desde Nietzsche, pero, sobre todo desde Heidegger se entiende que el entendimiento es radicalmente temporal, dada la radical temporalidad de la existencia. La epocalidad marca la forma de des-ocultamiento del Ser por lo que el entendimiento cambia[6].

¿Por qué Piketty toma los ideales de la revolución francesa como si fueran de hoy? , ¿Por qué basar su propuesta de un impuesto global al capital en dichos ideales? El entendimiento hoy sobre los ideales atemporales nos sugiere algo de voluntad de poder de parte quién los proclama. Es justo decir que en el tono general del libro de Piketty no se percibe ésta voluntad de poder. Ni siquiera lo percibo en las conclusiones, pero, si lo percibo en el capítulo XV dónde él presenta su propuesta: un impuesto global al capital.

Kundera en su último libro publicado nos da una idea sobre este tema. Si bien es cierto, para la filosofía moderna (o metafísica) los ideales no se desgastan, desde la literatura con su posibilidad de des-objetivación de la intersubjetividad humana nos dice:

“(…) Por desgracia, ni siquiera la broma más encantadora escapa a la ley del envejecimiento”[7].

¿Por qué una broma para hablar de Piketty? No es por Piketty, no es por estar de acuerdo o no con sus ideas. Es simplemente para mostrar la posición post moderna dónde se desconfía de forma general de los meta-relatos.  La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, el Quijote,  una broma, o las leyes de Newton, no tienen constitución diferente: son el resultado temporal del develamiento inter-subjetivo del Ser.

¿Por qué insiste Piketty en hacer presente la historia como si fuera un objeto atemporal? Quizá Kundera nos proporcione una hipótesis al respecto:

(…) La gente se va encontrando en la vida, discute, se pelea, sin darse cuenta de que se interpelan de lejos los unos a los otros, cada cual desde un observatorio situado en distinto lugar en el tiempo. (…) El tiempo corre. Gracias a él, primero vivimos, lo cual quiere decir que ya hemos sido acusados y juzgados por la gente. Luego morimos y permanecemos aún unos años entre los que nos han conocido, pero muy pronto se produce otro cambio: los muertos pasan a ser muertos viejos, de los que ya nadie se acuerda y que desaparecen en la nada; tan sólo unos cuantos, muy, muy pocos, imprimen su nombre en la memoria de la gente, pero, ya sin testigos fehacientes, sin un solo recuerdo real, pasan a ser marionetas… (…)[8].

La revolución francesa ha sido para nuestra generación (aquellos que cumplimos 18 al momento de la firma de la paz en Guatemala 1996[9]), un bello evento histórico en un país que durante muchos años en la historia fue un referente mundial.  Pretender que dichos ideales son para el mundo actual, como lo fueron para ese mundo, son a mi entender ideológicos, o en el mejor de los casos ingenuos. Para el resto de nosotros que no somos franceses, ni tenemos la pretensión de universalidad de nuestra historia y nuestra experiencia nos quedará claro que en la manos de Piketty la revolución francesa no es más que un títere, una marioneta. Los ideales también envejecen, pareciera ser que nada resiste al tiempo y a las leyes del envejecimiento. Lo importante no es que nuestro cuerpo muera, que desaparezca, lo importante es que mientras estamos vivos nuestro entendimiento pareciera ser radicalmente temporal.

Piketty pareciera ahora un gran ideólogo, un gran titiritero de la revolución francesa y de aquellos ideales franceses de universalidad. En el mundo actual, como nos explicará Hayek en los años 70s la desigualdad parece ser una oportunidad para generar múltiples ensayos sociales que a la postre proveerán múltiples posibles beneficios para la gran mayoría. ¿Es esto ideológico también? No, porque será así hasta que ese ideal se desgaste los suficiente para que otro tome su lugar.

[1] Thomas Piketty, Capital in the 21st Century, (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 2014)., p., 24

[2] Thomas Piketty, Idem.

[3] Entiendase r como tasa interna de retorno del capital, y g como el crecimiento de las economías. Mi crítica y análisis no se basa en el argumento central de Piketty porque este argumento sólo hace sentido gracias a aquellos elementos que lo constituyen  y  quedan al margen del análisis. Estos son: la concepción de la economía de forma de teoría social general, y la concepción de declaración de los derechos del hombre y del ciudadano como ideal social. Este segundo pilar conlleva la democracia, la justicia social y sobre todo al fondo, oculto, la propiedad privada y sus límites. En general el esclarecimiento histórico que realiza,  y la construcción de series de tiempo sobre desigualdad y la razón Capital / Ingreso serán juzgados por el tiempo y la historia como un primer intento colosal de darle datos a esta discusión sobre la desigualdad. La más típica y repetida crítica que he escuchado es sobre la supuesta casi constante retorno del capital. No estoy en posición de asumir que Piketty asume que no hay Betas, por decirlo de alguna forma, o variabilidad. Deberé investigar los datos que pone a disposición en una página web.

[4] Edmund Husserl, La filosofía en la crisis de las ciencias europeas, en Invitación a la fenomenología, (Barcelona: Editorial Paidos, 1992). P., 89. Agradezco a Daniela Contreras Vidaurre el recordatorio tan importante que si bien es cierto la lectura de Husserl de los griegos es fenomenal, deja de lado que la Grecia Antigua también era Dionisio.

[5] Nietzsche en su texto Sobre verdad y mentira en sentido extra-moral , nos regala una bella teoría sobre la constitución de aquellas ideas que hoy denominamos verdaderas. Un acuerdo deliberado de establecer algo como verdadero para solucionar un problema práctico, en el tiempo, se recuerda únicamente como una verdad trascendental. Esta es únicamente una interpretación del texto de Nietzsche. Puede verse en http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/verdadymentira.pdf

[6] Al respecto nos dice William J. Richardson en Heidegger: Through phenomenology to thought (The Hague: Martinus Nijhoff, 1962)., p., 95.: Newton´s  laws, for example, were not true before Newton discovered them. Nor were they for that matter false. They were simple undiscovered, and it was  the discovery by Newton that made them, in the existencial sense, true. (…) What then eternal truths? One would have the right to speak of them, according to Heidegger, only if one could firs prove that for all eternity There-being was and will be.

[7] Milan Kundera, La fiesta de la insignificancia, (México: Editorial Tusquets, 2014)., p., 65.

[8] Milan Kundera, Ibid., p., 34

[9] Únicamente aquellos que leyeron el libro entenderán está afirmación histórica guatemalteca.

15 años de la nueva esclavitud en Rusia

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En el 1999 Boris Yeltsin renuncia a la presidencia de Rusia y la “hereda” Putin quien viene aniquilando las bases republicanas del gobierno. El país, cuyo nombre oficial es Federación de Rusia, de federación no tiene nada. Los jueces, diputados, ministros, gobernadores son lacayos del apodado “enano del Kremlin”.
Putin, esta mezcla de Hitler con Stalin, ha traspasado la delgada línea hacia el totalitarismo. La manipulación de las mentes débiles de sus súbditos y las desmedidas ansias de su poder absoluto (bajo la consigna de lo que él llama “restablecer el poderío de Rusia en el mundo”) han surtido su efecto.

La prensa, controlada por el gobierno, es un reto para la psiquiatría. Es un deja-vu de la prensa soviética de hace 30 años (“estamos rodeados de los enemigos”, “pagados por los EEUU”) llena de las mentiras más burdas (“no hay ejército ruso en Ucrania”, “somos el país más importante del mundo” y un largo etcétera). Las aprobación diaria de las nuevas leyes es otro caso digno de ser estudiado por los especialistas en salud mental. Cada día se aprueba una nueva ley o decreto que prohíbe… Leyes, leyes y más leyes.

Como cualquier dictadura, el putinismo, en lugar de defender a sus ciudadanos, se defiende de ellos. Y qué decir de la violencia: según el índice de asesinatos (de 10 a 15 por cada 100 mil habitantes) Rusia es el país más peligroso en Europa y uno de los más peligrosos en Asia.

Lo poco que queda de la economía se basa en la industria extractiva. La burocracia y corrupción crecieron dos veces en los 15 años. De los 140 millones de habitantes, 40 millones trabajan para el estado y 40 millones son jubilados estatales. La educación y la medicina son estatales sin inversión ni modernización donde a los niños y los jóvenes se les lava el cerebro y a los enfermos se le remata.

En comparación con Rusia, Guatemala es un paraíso de la libertad política y económica.

Imagen: http://tinyurl.com/omxovf6

Tomemos en serio la provocación de García Márquez

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Por Karina Galperín

kgalperin@utdt.edu

En abril de 1997 García Márquez causó cierto revuelo cuando frente a un distinguido auditorio lanzó una provocación. “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna”, dijo, y sugirió cambios para flexibilizar y poner al día ciertas reglas de nuestra lengua. Raudas voces a uno y otro lado del océano rechazaron enérgicas lo que entendieron como un llamado iconoclasta al desorden.

Esta polémica es casi tan vieja como la historia moderna de nuestro idioma, y reemerge al menos un par de veces por siglo. No enfrenta anarquía contra orden porque nadie propone abolir las reglas que rigen la escritura, dejando que cada uno escriba como quiera. Se propone simplificarlas. El debate muestra que la historia de las lenguas es también la de la tensión entre la tradición y el sentido práctico del uso. Unos creen que la ortografía debe respetar la etimología (cómo se escribían las palabras en su lengua original) al precio de la dificultad, y otros creemos que sólo debe guiarse por el principio más sencillo de la pronunciación.

Algunas preguntas, entre muchas otras, siguen rebotando de época en época. ¿Tiene sentido conservar la “h” que, como ya decía el eminente gramático de Salamanca Antonio de Nebrija, “no sirve por sí en nuestra lengua”? ¿No sería mejor optar por “b” o “v”, que el castellano no distinguió nunca, y eliminar la otra como hizo hace mucho la Real Academia con la “ç” porque se superponía con la “z”? ¿Es sensato seguir usando a veces la “g” y a veces la “j” para el mismo sonido?

Podría pensarse que estamos ante una discusión de eruditos. No es así. Fueron casi siempre educadores de primer orden involucrados en la enseñanza primaria quienes se movilizaron, en América y España, “con el laudable fin -como proclamaba en 1843 Sarmiento- de hacer fácil la enseñanza de la lectura que está aun llena de embarazos por los tropiezos que á cada paso suscita la arbitrariedad del uso de las letras”. Los problemas que vieron esos educadores siguen vigentes. Pero también hay otros. Internet y las redes sociales plantean cotidianamente nuevos desafíos.

En 1433 Enrique de Villena notó que en algunas palabras castellanas ciertas letras no se escribían como se pronunciaban. Villena justificó el fenómeno, no sin vaguedad: “Algo añaden al entendimiento e significación de la diçión donde son puestas”. Cuando en 1492 Nebrija publicó su Gramática, la primera regla de su ortografía, basada en Quintiliano, era clara y potente: “Assí tenemos de escrivir como pronunciamos y pronunciar como escrivimos”. A cada sonido debía corresponderle una letra y a cada letra, un sonido. Villena sería el primero de una larga lista de defensores del criterio etimológico. Nebrija sentaría las bases de lo que el hispanista Ángel Rosenblat definiría como el “afán de sencillez que mantuvo siempre a la ortografía española en la línea de la pronunciación viva”.

En 1713 se creó la Real Academia. Entre sus objetivos estaba “fixar la lengua”. Lo logró a través de los años con un malabarismo a veces vacilante, a veces audaz entre el criterio etimológico, el del uso y el de la fonética. De a poco avanzó siguiendo la pronunciación: “orthographia” pasó a “ortografía”, “sciencia” a “ciencia”, “quantidad” a “cantidad”. Pero siguieron las propuestas de reforma, como la que llevaron a cabo Andrés Bello y Sarmiento en Chile en 1844, que pedían cambios más importantes y profundos.

En la mente de los reformadores, la simplificación ortográfica no era facilismo o pereza sino pragmatismo para facilitar el aprendizaje y el buen uso del castellano. Hoy la escuela sigue dedicándole demasiadas horas y esfuerzo a la ortografía. Eso supone menos atención a otros aspectos de la gramática (la puntuación, por ejemplo) más relevantes para el manejo claro, elegante y personal de la lengua. De esto la escuela no es culpable. Intenta, con buen criterio, preparar a los niños para una sociedad que utiliza la ortografía como elemento de distinción, como un indicador rápido que permite diferenciar al “culto” del “bruto”, independientemente del contenido de lo que se escribe. Simplificar la ortografía permitiría dedicarle más tiempo escolar a aprendizajes más relevantes para la comunicación y el conocimiento.

Por otro lado, no podemos desentendernos de Internet. Las redes sociales registran desde hace tiempo usos novedosos de la escritura. Haríamos mal en descartarlos con displicencia. Incluso gente de ortografía impecable manda sus SMS relajando la escritura hacia la fonética. El problema no es la relajación sino el caos. No hay que censurar sino encauzar y uniformar ese impulso, saludable y modernizador, a través de las instituciones que históricamente encauzaron con éxito los usos dentro de la normativa.

Hoy la preocupación central de las Academias es mantener la uniformidad en el mundo hispanohablante. En muchos casos (no Bello, pero sí Sarmiento; no Rosemblat pero sí el Borges de los años 20), la voluntad de reforma estuvo acompañada de reivindicaciones localistas, hostiles a España o la Real Academia. Nuestra época ya no tiene aquellas ansiedades. Todos queremos una misma lengua, respetuosa de la diversidad. Sobre la base de ese acuerdo quizás sea el momento de tomarse en serio la provocación de García Márquez y discutir de una vez las asignaturas pendientes de nuestra ortografía. Tendrá que ser en forma gradual, consensuada y tolerante hacia los hábitos arraigados, que tardarán en dejarse ir. La discusión no es trivial. Implica simplificar lo innecesariamente complejo para dedicarle mejor atención a cuestiones de la lengua cuya complejidad merece el tiempo y el esfuerzo.

García de la Concha, ex director de la Real Academia, cuenta una anécdota graciosa. Cuando se propuso simplificar “Christo” por “Cristo”, uno de los académicos reaccionó indignado: “Por sobre mi cadáver”. No seamos ese señor.

La autora es doctora en letras y literaturas romances por la Universidad de Harvard, profesora de la Universidad Di Tella y directora de la Maestría en Periodismo LN/UTDT.

Publicación del aticulo original  |  LA NACION 01.10.2014 | 00:00

Vinculo a publicación original: http://goo.gl/eRvzCo

Imagen: http://goo.gl/KSxU1V