El fraude y los peligros de la monetización de deuda pública

De forma resumida decimos que hay dos formas por las que un Estado consigue recursos. Una de ellas es mediante impuestos, es decir, extracción de riquezas presentes al sector privado; y la otra es la deuda pública, o, lo que es lo mismo, extracción de riquezas futuras al sector privado. Las alternativas se reducen a impuestos presentes o impuestos futuros.

Existen dos formas de poner en circulación la deuda pública. La primera de ellas es una subasta pública: acreedores privados comprarán los títulos con la confianza de que serán repagados a su vencimiento. A pesar de que socialmente la deuda pública es un fraude, de forma individual los inversores siguen las mismas pautas que para invertir que en deuda privada, esto es, honorabilidad del deudor y capacidad de pago del mismo. En cuanto cualquiera de las dos empieza a tener dudas, el crédito empieza a ser restringido y el tipo de interés exigido aumenta por el mayor riesgo que asumen los acreedores.

La segunda es mediante la monetización. Esto es, la autoridad monetaria – generalmente un banco central – compra los títulos de deuda pública y en contraprestación crea nuevos medios de pago que entregará al Estado. En otras palabras: compra la deuda pública con moneda de nueva creación, por lo que aumenta la cantidad de dinero en la economía en la misma medida que se vende deuda pública al Banco Central.

La razón de utilizar este complicado método estriba en el grado de inconsciencia de los usuarios de la moneda sobre cuál es la verdadera naturaleza del proceso mencionado. En realidad, lo que ocurre es que el Estado, incapaz de vender toda su deuda pública a un interés razonable en el mercado, hace uso del mecanismo monetario para convertir, de forma subrepticia, en acreedores suyos a la población usuaria de la moneda. El usuario de la moneda en relación con la deuda pública tiene dos opciones: comprar o no comprar. Pero, si no compra, se le hace de forma indirecta y escondida partícipe de una deuda pública que nunca quiso comprar. La monetización de deuda pública no respeta las decisiones de los ciudadanos con respecto a qué hacer con su dinero.

La principal diferencia, en términos económicos, entre los dos métodos es la presencia de inflación en el caso de las monetizaciones. En el primer caso, el dinero de los acreedores es utilizado directamente por las administraciones públicas. Aumenta la demanda que el Estado hace de recursos y en la misma medida disminuye la demanda que sus acreedores hacen de recursos. En el segundo caso, el Estado crea nuevas disponibilidades, es decir, nueva moneda con el fin de atraer nuevos recursos. La nueva demanda estatal de recursos se une a la de los agentes privados que no han reducido sus demandas, no han dejado de consumir o invertir para que el Estado lo haga. La nueva moneda así creada tendrá un efecto inflacionista.

La causa última de la inflación son los Estados, que, viéndose siempre cortos de tesorería, proceden a emitir deuda pública y a comprarla ellos mismos mediante el poder que les concede su monopolio de emisión de moneda.

Daniel Fernández Méndez

Piketty, el envejecimiento de los ideales y las marionetas

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clyntonr@ufm.edu

Hace algunos meses decidí utilizar el libro de Thomas Piketty como base de discusión en el seminario de economía II en la FCE, de la UFM. Capital in the Twenty-First Century es un libro apasionante y con muchísimos elementos para generar discusiones en torno a la economía. Quizá es este el primer punto relevante para discutir sobre el libro de Piketty. La concepción de economía de Piketty no es una concepción habitual, al menos para todos aquellos inscritos en la tradición de mainstream economics. La tradición de mainstream economics pretende  generar un método para establecer la idealidad en cuanto a eficiencia de esquemas económicos. Intención confesa del mainstream economics es no pretender realizar lo que ellos denominan juicios de valor, su análisis pretende la objetividad  a través de métodos matemáticos y estadísticos.  Piketty confiesa haber trabajado en Estados Unidos, en una universidad durante dos años luego de haber obtenido su doctorado. Reconoce que esta forma de hacer economía no se enmarca en los ideales franceses de economía. Piketty lo dice así:

“To put it bluntly, the discipline of economics has yet to get over its childish passion for mathematics and for purely theoretical and often highly ideological speculation, at the expense of historical research and collaboration with the other social sciences. Economists are all too often preoccupied with petty mathematical problems of interest only to themselves. This obsession with mathematics is an easy way of acquiring the appearance of scientificity without having to answer the far more complex questions posed by the world we live in”[1].

Piketty hace una crítica a la economía muy apreciada en aquellas teorías económicas alejadas del mainstream economics. Esta crítica es básicamente considerar las posiciones objetivizantes de la subjetividad (intersubjetividad humana) como desvinculadas del mundo de la vida. En el mejor de los casos esas formas de hacer ciencia nos dicen nada acerca de la vida, y en el peor de los casos pretenden imposiciones ideológicas en la intersubjetividad humana. Además, Piketty expresa que un posible camino para poder evitar estos problemas es entender la economía como parte de una ciencia social más amplia. La economía tiene muchos puntos ciegos en su desarrollos metodológicos, especialmente aquellas que tienen la obsesión matemática. Piketty lo expresa así:

“There is one great advantage to being an academic economist in France: here, economists are not highly respected in the academic and intellectual world or by political and financial elites. Hence they must set aside their contempt for other disciplines and their absurd claim to greater scientific legitimacy, despite the fact that they know almost nothing about anything. This, in any case, is the charm of the discipline and of the social sciences in general: one starts from square one, so that there is some hope of making major progress. In France, I believe, economists are slightly more interested in persuading historians and sociologists, as well as people outside the academic world, that what they are doing is interesting (although they are not always successful). My dream when I was teaching in Boston was to teach at the École des Hautes Études en Sciences Sociales, whose faculty has included such leading lights as Lucien ebvre, Fernand Braudel, Claude Lévi-Strauss, Pierre Bourdieu, Françoise Héritier, and Maurice Godelier, to name a few. Dare I admit this, at the risk of seeming chauvinistic in my view of the social sciences? I probably admire these scholars more than Robert Solow or even Simon Kuznets, even though I regret the fact that the social sciences have largely lost interest in the distribution of wealth and questions of social class since the 1970s”[2].

En resumen, el primer pilar sobre el cuál basaré la breve interpretación y crítica a Piketty es: la economía (aunque el no lo diga se está refiriendo a mainstream economics) debería de estar inscrita dentro de una teoría social amplia dentro de las cuales incluye por ejemplo la sociología, y la antropología. De esta forma se podría acercar la ciencia al mundo de la vida y evitar problemas ideológicos de objetivización y la desvinculación de la economía como ciencia a los problemas cotidianos de las personas y hacerla una ciencia útil. Añadiré además aquí que hasta este punto no tengo más que elogios para Piketty. Diría que la tradición austriaca de economía estaría en términos generales de acuerdo con esta exposición.

El segundo pilar de mi interpretación de Piketty es la concepción, el ideal, que maneja heredado de la declaración universal de los derechos del hombre en la revolución francesa. La igualdad y derivado de ella contemporáneamente la democracia y justicia social. Piketty a lo largo de su libro cita el artículo 1 que reproduzco aquí por propósitos de clarificación en la discusión: Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones civiles sólo podrán fundarse en la utilidad pública. Piketty reconoce (en la introducción del libro) que la desigualdad per se no es lo que le interesa, ni un problema, y reconoce que en el artículo citado se reconoce la posibilidad de la desigualdad por utilidad pública. ¿Dónde se encuentra entonces el problema de la desigualdad? Piketty realiza un extenso estudio sobre la evolución de la desigualdad del cuál la mayoría de personas se ha enfocado únicamente, o mayoritariamente en r > g[3] , que conlleva a conclusiones tales como que el mercado trabaja con ponderosas fuerzas internas que llevan a la convergencia (tecnología, y difusión del conocimiento), pero, así mismo tiene otras ponderosas fuerzas dentro de su dinámica que conllevan a la desigualdad más allá de la deseable, o declarada en el artículo 1 de la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. La desigualdad constituida a partir de las base de la propiedad privada porque r > g,  la herencia, y la finitud de de recursos pone en serio peligro la posibilidad de una autentica democracia y de justicia social.

Dados estos dos pilares de interpretación incluiré dos ideas que me permitirán concluir mi crítica a Piketty.

Husserl en su especial lectura de la historia de la modernidad nos deja una teoría interesante sobre el funcionamiento de la ciencia y la razón. Europa (la Europa espiritual dice Husserl) nace del surgimiento de la actitud teorética de los griegos. Esta actitud de teorizar hasta el infinito (sobre el mundo circundante, y sobre todo, según Husserl la filosofía correctamente traducida significa ciencia universal, ciencia de todo) nos ha legado la ciencia. Pero, la ciencia (y la razón), más que creaciones empíricas nos ha legado más ideales. Los ideales tienen un elemento característico que los diferencia claramente de la vida pre – científica: su pretensión de infinitud. Husserl nos lo dice de la siguiente forma:

“(…) las adquisiciones científicas, después de haberse logrado para ellas el método eficaz de producción tiene un modo de ser totalmente diferente, una temporalidad totalmente distinta.  No se gastan, son imperecederas; (…)”[4].

Los ideales de la revolución francesa han sido tomados por la ciencia política, la filosofía, y ahora la ciencia económica (probablemente en Francia, como dice Piketty, también por la antropología, y la sociología) y se les ha dado una connotación imperecedera. Nunca sabremos si la intención original de la declaración de los derechos del hombre fue una broma, si, una broma[5].  Y posteriormente se le dio carácter de seriedad, y  a la vez , y peor aún, carácter de imperecedera.

Esta última palabra me engancha con la última idea de este breve texto. Desde Nietzsche, pero, sobre todo desde Heidegger se entiende que el entendimiento es radicalmente temporal, dada la radical temporalidad de la existencia. La epocalidad marca la forma de des-ocultamiento del Ser por lo que el entendimiento cambia[6].

¿Por qué Piketty toma los ideales de la revolución francesa como si fueran de hoy? , ¿Por qué basar su propuesta de un impuesto global al capital en dichos ideales? El entendimiento hoy sobre los ideales atemporales nos sugiere algo de voluntad de poder de parte quién los proclama. Es justo decir que en el tono general del libro de Piketty no se percibe ésta voluntad de poder. Ni siquiera lo percibo en las conclusiones, pero, si lo percibo en el capítulo XV dónde él presenta su propuesta: un impuesto global al capital.

Kundera en su último libro publicado nos da una idea sobre este tema. Si bien es cierto, para la filosofía moderna (o metafísica) los ideales no se desgastan, desde la literatura con su posibilidad de des-objetivación de la intersubjetividad humana nos dice:

“(…) Por desgracia, ni siquiera la broma más encantadora escapa a la ley del envejecimiento”[7].

¿Por qué una broma para hablar de Piketty? No es por Piketty, no es por estar de acuerdo o no con sus ideas. Es simplemente para mostrar la posición post moderna dónde se desconfía de forma general de los meta-relatos.  La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, el Quijote,  una broma, o las leyes de Newton, no tienen constitución diferente: son el resultado temporal del develamiento inter-subjetivo del Ser.

¿Por qué insiste Piketty en hacer presente la historia como si fuera un objeto atemporal? Quizá Kundera nos proporcione una hipótesis al respecto:

(…) La gente se va encontrando en la vida, discute, se pelea, sin darse cuenta de que se interpelan de lejos los unos a los otros, cada cual desde un observatorio situado en distinto lugar en el tiempo. (…) El tiempo corre. Gracias a él, primero vivimos, lo cual quiere decir que ya hemos sido acusados y juzgados por la gente. Luego morimos y permanecemos aún unos años entre los que nos han conocido, pero muy pronto se produce otro cambio: los muertos pasan a ser muertos viejos, de los que ya nadie se acuerda y que desaparecen en la nada; tan sólo unos cuantos, muy, muy pocos, imprimen su nombre en la memoria de la gente, pero, ya sin testigos fehacientes, sin un solo recuerdo real, pasan a ser marionetas… (…)[8].

La revolución francesa ha sido para nuestra generación (aquellos que cumplimos 18 al momento de la firma de la paz en Guatemala 1996[9]), un bello evento histórico en un país que durante muchos años en la historia fue un referente mundial.  Pretender que dichos ideales son para el mundo actual, como lo fueron para ese mundo, son a mi entender ideológicos, o en el mejor de los casos ingenuos. Para el resto de nosotros que no somos franceses, ni tenemos la pretensión de universalidad de nuestra historia y nuestra experiencia nos quedará claro que en la manos de Piketty la revolución francesa no es más que un títere, una marioneta. Los ideales también envejecen, pareciera ser que nada resiste al tiempo y a las leyes del envejecimiento. Lo importante no es que nuestro cuerpo muera, que desaparezca, lo importante es que mientras estamos vivos nuestro entendimiento pareciera ser radicalmente temporal.

Piketty pareciera ahora un gran ideólogo, un gran titiritero de la revolución francesa y de aquellos ideales franceses de universalidad. En el mundo actual, como nos explicará Hayek en los años 70s la desigualdad parece ser una oportunidad para generar múltiples ensayos sociales que a la postre proveerán múltiples posibles beneficios para la gran mayoría. ¿Es esto ideológico también? No, porque será así hasta que ese ideal se desgaste los suficiente para que otro tome su lugar.

[1] Thomas Piketty, Capital in the 21st Century, (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 2014)., p., 24

[2] Thomas Piketty, Idem.

[3] Entiendase r como tasa interna de retorno del capital, y g como el crecimiento de las economías. Mi crítica y análisis no se basa en el argumento central de Piketty porque este argumento sólo hace sentido gracias a aquellos elementos que lo constituyen  y  quedan al margen del análisis. Estos son: la concepción de la economía de forma de teoría social general, y la concepción de declaración de los derechos del hombre y del ciudadano como ideal social. Este segundo pilar conlleva la democracia, la justicia social y sobre todo al fondo, oculto, la propiedad privada y sus límites. En general el esclarecimiento histórico que realiza,  y la construcción de series de tiempo sobre desigualdad y la razón Capital / Ingreso serán juzgados por el tiempo y la historia como un primer intento colosal de darle datos a esta discusión sobre la desigualdad. La más típica y repetida crítica que he escuchado es sobre la supuesta casi constante retorno del capital. No estoy en posición de asumir que Piketty asume que no hay Betas, por decirlo de alguna forma, o variabilidad. Deberé investigar los datos que pone a disposición en una página web.

[4] Edmund Husserl, La filosofía en la crisis de las ciencias europeas, en Invitación a la fenomenología, (Barcelona: Editorial Paidos, 1992). P., 89. Agradezco a Daniela Contreras Vidaurre el recordatorio tan importante que si bien es cierto la lectura de Husserl de los griegos es fenomenal, deja de lado que la Grecia Antigua también era Dionisio.

[5] Nietzsche en su texto Sobre verdad y mentira en sentido extra-moral , nos regala una bella teoría sobre la constitución de aquellas ideas que hoy denominamos verdaderas. Un acuerdo deliberado de establecer algo como verdadero para solucionar un problema práctico, en el tiempo, se recuerda únicamente como una verdad trascendental. Esta es únicamente una interpretación del texto de Nietzsche. Puede verse en http://www.lacavernadeplaton.com/articulosbis/verdadymentira.pdf

[6] Al respecto nos dice William J. Richardson en Heidegger: Through phenomenology to thought (The Hague: Martinus Nijhoff, 1962)., p., 95.: Newton´s  laws, for example, were not true before Newton discovered them. Nor were they for that matter false. They were simple undiscovered, and it was  the discovery by Newton that made them, in the existencial sense, true. (…) What then eternal truths? One would have the right to speak of them, according to Heidegger, only if one could firs prove that for all eternity There-being was and will be.

[7] Milan Kundera, La fiesta de la insignificancia, (México: Editorial Tusquets, 2014)., p., 65.

[8] Milan Kundera, Ibid., p., 34

[9] Únicamente aquellos que leyeron el libro entenderán está afirmación histórica guatemalteca.

15 años de la nueva esclavitud en Rusia

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En el 1999 Boris Yeltsin renuncia a la presidencia de Rusia y la “hereda” Putin quien viene aniquilando las bases republicanas del gobierno. El país, cuyo nombre oficial es Federación de Rusia, de federación no tiene nada. Los jueces, diputados, ministros, gobernadores son lacayos del apodado “enano del Kremlin”.
Putin, esta mezcla de Hitler con Stalin, ha traspasado la delgada línea hacia el totalitarismo. La manipulación de las mentes débiles de sus súbditos y las desmedidas ansias de su poder absoluto (bajo la consigna de lo que él llama “restablecer el poderío de Rusia en el mundo”) han surtido su efecto.

La prensa, controlada por el gobierno, es un reto para la psiquiatría. Es un deja-vu de la prensa soviética de hace 30 años (“estamos rodeados de los enemigos”, “pagados por los EEUU”) llena de las mentiras más burdas (“no hay ejército ruso en Ucrania”, “somos el país más importante del mundo” y un largo etcétera). Las aprobación diaria de las nuevas leyes es otro caso digno de ser estudiado por los especialistas en salud mental. Cada día se aprueba una nueva ley o decreto que prohíbe… Leyes, leyes y más leyes.

Como cualquier dictadura, el putinismo, en lugar de defender a sus ciudadanos, se defiende de ellos. Y qué decir de la violencia: según el índice de asesinatos (de 10 a 15 por cada 100 mil habitantes) Rusia es el país más peligroso en Europa y uno de los más peligrosos en Asia.

Lo poco que queda de la economía se basa en la industria extractiva. La burocracia y corrupción crecieron dos veces en los 15 años. De los 140 millones de habitantes, 40 millones trabajan para el estado y 40 millones son jubilados estatales. La educación y la medicina son estatales sin inversión ni modernización donde a los niños y los jóvenes se les lava el cerebro y a los enfermos se le remata.

En comparación con Rusia, Guatemala es un paraíso de la libertad política y económica.

Imagen: http://tinyurl.com/omxovf6

Tomemos en serio la provocación de García Márquez

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Por Karina Galperín

kgalperin@utdt.edu

En abril de 1997 García Márquez causó cierto revuelo cuando frente a un distinguido auditorio lanzó una provocación. “Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna”, dijo, y sugirió cambios para flexibilizar y poner al día ciertas reglas de nuestra lengua. Raudas voces a uno y otro lado del océano rechazaron enérgicas lo que entendieron como un llamado iconoclasta al desorden.

Esta polémica es casi tan vieja como la historia moderna de nuestro idioma, y reemerge al menos un par de veces por siglo. No enfrenta anarquía contra orden porque nadie propone abolir las reglas que rigen la escritura, dejando que cada uno escriba como quiera. Se propone simplificarlas. El debate muestra que la historia de las lenguas es también la de la tensión entre la tradición y el sentido práctico del uso. Unos creen que la ortografía debe respetar la etimología (cómo se escribían las palabras en su lengua original) al precio de la dificultad, y otros creemos que sólo debe guiarse por el principio más sencillo de la pronunciación.

Algunas preguntas, entre muchas otras, siguen rebotando de época en época. ¿Tiene sentido conservar la “h” que, como ya decía el eminente gramático de Salamanca Antonio de Nebrija, “no sirve por sí en nuestra lengua”? ¿No sería mejor optar por “b” o “v”, que el castellano no distinguió nunca, y eliminar la otra como hizo hace mucho la Real Academia con la “ç” porque se superponía con la “z”? ¿Es sensato seguir usando a veces la “g” y a veces la “j” para el mismo sonido?

Podría pensarse que estamos ante una discusión de eruditos. No es así. Fueron casi siempre educadores de primer orden involucrados en la enseñanza primaria quienes se movilizaron, en América y España, “con el laudable fin -como proclamaba en 1843 Sarmiento- de hacer fácil la enseñanza de la lectura que está aun llena de embarazos por los tropiezos que á cada paso suscita la arbitrariedad del uso de las letras”. Los problemas que vieron esos educadores siguen vigentes. Pero también hay otros. Internet y las redes sociales plantean cotidianamente nuevos desafíos.

En 1433 Enrique de Villena notó que en algunas palabras castellanas ciertas letras no se escribían como se pronunciaban. Villena justificó el fenómeno, no sin vaguedad: “Algo añaden al entendimiento e significación de la diçión donde son puestas”. Cuando en 1492 Nebrija publicó su Gramática, la primera regla de su ortografía, basada en Quintiliano, era clara y potente: “Assí tenemos de escrivir como pronunciamos y pronunciar como escrivimos”. A cada sonido debía corresponderle una letra y a cada letra, un sonido. Villena sería el primero de una larga lista de defensores del criterio etimológico. Nebrija sentaría las bases de lo que el hispanista Ángel Rosenblat definiría como el “afán de sencillez que mantuvo siempre a la ortografía española en la línea de la pronunciación viva”.

En 1713 se creó la Real Academia. Entre sus objetivos estaba “fixar la lengua”. Lo logró a través de los años con un malabarismo a veces vacilante, a veces audaz entre el criterio etimológico, el del uso y el de la fonética. De a poco avanzó siguiendo la pronunciación: “orthographia” pasó a “ortografía”, “sciencia” a “ciencia”, “quantidad” a “cantidad”. Pero siguieron las propuestas de reforma, como la que llevaron a cabo Andrés Bello y Sarmiento en Chile en 1844, que pedían cambios más importantes y profundos.

En la mente de los reformadores, la simplificación ortográfica no era facilismo o pereza sino pragmatismo para facilitar el aprendizaje y el buen uso del castellano. Hoy la escuela sigue dedicándole demasiadas horas y esfuerzo a la ortografía. Eso supone menos atención a otros aspectos de la gramática (la puntuación, por ejemplo) más relevantes para el manejo claro, elegante y personal de la lengua. De esto la escuela no es culpable. Intenta, con buen criterio, preparar a los niños para una sociedad que utiliza la ortografía como elemento de distinción, como un indicador rápido que permite diferenciar al “culto” del “bruto”, independientemente del contenido de lo que se escribe. Simplificar la ortografía permitiría dedicarle más tiempo escolar a aprendizajes más relevantes para la comunicación y el conocimiento.

Por otro lado, no podemos desentendernos de Internet. Las redes sociales registran desde hace tiempo usos novedosos de la escritura. Haríamos mal en descartarlos con displicencia. Incluso gente de ortografía impecable manda sus SMS relajando la escritura hacia la fonética. El problema no es la relajación sino el caos. No hay que censurar sino encauzar y uniformar ese impulso, saludable y modernizador, a través de las instituciones que históricamente encauzaron con éxito los usos dentro de la normativa.

Hoy la preocupación central de las Academias es mantener la uniformidad en el mundo hispanohablante. En muchos casos (no Bello, pero sí Sarmiento; no Rosemblat pero sí el Borges de los años 20), la voluntad de reforma estuvo acompañada de reivindicaciones localistas, hostiles a España o la Real Academia. Nuestra época ya no tiene aquellas ansiedades. Todos queremos una misma lengua, respetuosa de la diversidad. Sobre la base de ese acuerdo quizás sea el momento de tomarse en serio la provocación de García Márquez y discutir de una vez las asignaturas pendientes de nuestra ortografía. Tendrá que ser en forma gradual, consensuada y tolerante hacia los hábitos arraigados, que tardarán en dejarse ir. La discusión no es trivial. Implica simplificar lo innecesariamente complejo para dedicarle mejor atención a cuestiones de la lengua cuya complejidad merece el tiempo y el esfuerzo.

García de la Concha, ex director de la Real Academia, cuenta una anécdota graciosa. Cuando se propuso simplificar “Christo” por “Cristo”, uno de los académicos reaccionó indignado: “Por sobre mi cadáver”. No seamos ese señor.

La autora es doctora en letras y literaturas romances por la Universidad de Harvard, profesora de la Universidad Di Tella y directora de la Maestría en Periodismo LN/UTDT.

Publicación del aticulo original  |  LA NACION 01.10.2014 | 00:00

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Imagen: http://goo.gl/KSxU1V

Economía mundial, los commodities y teoría del ciclo

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El mercado de commodities en la economía mundial hoy en día recuerda aquella estructura de competencia de mercado delineada por el mainsteam economics como estructura de competencia perfecta. Esta estructura más o menos delinea que existe un producto indiferenciado, muchos competidores y que la información sobre dicho commodity es altamente disponible. Por lo tanto, y habitualmente, sólo existe aquello que se denomina ganancias económicas[1] igual a cero. En períodos de desajuste el precio se incrementa y se generan ganancias supra-económicas, y los empresarios al perseguir estos rendimientos mayores del mercado se introducen en dicha industria. Eventualmente el incremento de oferta reduce el precio y la ganancia supra-económica. Si el boom fue tal que la oferta supera la demanda se tendrán precios por debajo de las ganancias económicas igual a cero, y se tendrán perdidas económicas. Esto implicaría la salida de competidores hasta hacer subir el precio a las ganancias económicas igual a cero.

Thomas Tooke (1774 – 1858, miembro de la denominada  Escuela Bancaria de Inglaterra) delinea una teoría del ciclo económico que la historia ha olvidado, pero, que toma relevancia a la luz de la crisis del 2008. La teoría del ciclo según Tooke inicia con un movimiento especulativo del precio de las mercancías (permítaseme interpretarlo como el mundo actual de los commodities) más allá del nivel general de precios (permítaseme interpretarse como el precio de ganancias económicas igual a cero). Este inicio es seguido por un exceso de crédito bancario (puede entenderse en sentido amplio crédito privado a través de la banca privada, y crédito estatal a través de bancos centrales) que promueve el ingreso productores de dichos commodities. Esta es la época del boom. Ésta época durará hasta que el ingreso permanente de los consumidores pueda absorber al nivel de precios que se han llevado la nueva producción y la cantidad de commodities. En el momento que esta producción sobre pase dicha capacidad de absorción iniciará la parte baja del ciclo. El precio bajará hasta que se liquiden todas aquellas inversiones que produjeron la sobre-producción de las mercancías.

Las economías de los países del mundo, a pesar de los intentos de los gobiernos de limitar el libre comercio, se encuentran altamente inter-relacionadas. Un crecimiento favorable de China, un boom financiero de Estados Unidos y de la Unión Europea provocaron un crecimiento sin precedentes en la historia reciente en la producción de commodities[2]. Si seguimos a Tooke podríamos decir que se sobre-produjo hasta el punto de que la riqueza acumulada del mundo ya no pudo absorber ni la cantidad, ni los precios hasta dónde se llevaron los mercados de commodities del mundo. Para aquellos que seguimos de cerca por motivos empresariales los mercados internacionales de commodities esta teoría del ciclo nos explica lo sucedido y lo que sigue sucediendo mucho mejor que otras.  Es cierto, probablemente esta teoría no explica toda la crisis, ni tampoco, todas las crisis pero este específico punto creo que lo explica muy bien.

Hoy en día tenemos un mercado deprimido de commodities en general (unos más afectados que otros) y podríamos esperar que los precios sigan bajando hasta que se restaure el frágil equilibrio entre oferta y demanda que concuerde con los niveles de preferencia inter-temporal y de riqueza de la economía mundial.

Es importante recordar: ninguna teoría es capaz de extenuar el sentido pleno de la variada experiencia (en el más amplio sentido) humana. Por lo tanto, recuperar bellas teorías del ciclo olvidadas por desarrollos novedosos nos puede llevar a través de la hermenéutica económica descubrir el pasado como un tesoro de conocimientos útiles a la luz de nuevas y ampliadas experiencias.

Esta última afirmación me lleva seguir apoyando aquellas propuestas de re-introducir al dialogo contemporáneo en la UFM la teoría de la liquidez como un componente importante del ciclo económico. Actualmente se discute estas bellas y útiles teorías en el primer simposio monetario en la Facultad de Ciencias Económicas todos los viernes.

[1] Las ganancias económicas se pueden entender como aquella rentabilidad de las empresas o industrias dónde se cubre más allá de los costos de oportunidad de continuar en la industria.

[2] Para una interpretación muy plausible sobre la situación actual y precedente del mercado de commodities puede verse la siguiente publicación de la famosa revista The Economist: http://www.economist.com/news/finance-and-economics/21621875-tumbling-resource-prices-suggest-world-economy-slowing-oil-and-trouble?fsrc=scn/fb/wl/pe/oilandtrouble

clyntonr@ufm.edu

El peligro de la deuda guatemalteca

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Si uno atiende a los datos macroeconómicos de Guatemala y los compara con el resto de países del mundo podría parecer que el gobierno es pieza fundamental en la estabilidad macroeconómica del país, su deuda pública se encuentra en niveles razonables (26,5% PIB) y el déficit público controlado (2,7% PIB).

A simple vista podríamos aseverar que el margen para endeudarnos es amplio y que las acuciantes necesidades del país así lo exigen. A fin de cuentas un Estado austero y responsable como el guatemalteco no tendrá problemas para manejar una deuda pública superior a la actual.

El problema es que el planteamiento está viciado desde el inicio, el Estado guatemalteco ni es ni ha sido nunca austero, de hecho desde 1980 el gobierno de Guatemala sólo ha conseguido un superávit presupuestario, fue en 1991 y de una cuantía risible (5,8 millones de Quetzales), casi nada comparado con el déficit del año fiscal 2010 (10.960,3 millones de Quetzales).

La cuantía de deuda que puede manejar un agente económico no se mide en relación al PIB (piense lo endeudado que se encuentra usted en relación al PIB del país), sino que se mide en relación a la capacidad de pago del agente en cuestión, esto es a su capacidad de generación de ingresos.

Desde este punto de vista la deuda pública se encuentra en niveles altísimos, el Estado guatemalteco tuvo unos ingresos en el año 2013 de 6.411 millones de dólares mientras que la deuda pública viva asciende a 14.258 millones de dólares a día de hoy. Es decir la deuda pública asciende al 222,4% de los ingresos fiscales, cifra muy alejada del nimio 26,5% sobre PIB que se suele manejar.

El mismo ejercicio se puede hacer para el déficit público, rúbrica que se encuentra también desbocada. El sector público guatemalteco tuvo unos gastos para el ejercicio 2013 de 7.851 millones de dólares, el déficit público entonces se sitúa en 1.440 millones de dólares lo cual supone un déficit de un 22,46% sobre ingresos fiscales, una vez más cifra muy alejada del 2,7% de déficit público sobre PIB.

Si comparamos Guatemala con España, país en el que el consenso internacional coincide en que sus niveles de endeudamiento son enormes (93,7% PIB) y su déficit público desbocado (6,8% PIB) vemos como su ratio de deuda contra ingresos fiscales nos da un 268%, no muy alejado del ratio guatemalteco. El ratio de déficit sobre ingresos fiscales nos da un 18,25%, cifra sensiblemente inferior al ratio guatemalteco.

La comparación es especialmente dura si comparamos a Guatemala con algún país fiscalmente responsable como Chile cuya deuda pública viva asciende 13,9% del PIB y su déficit fiscal al 1%. Su ratio de deuda contra ingresos fiscales se sitúa en 66,95% vs el 222,4% de Guatemala y su ratio de déficit fiscal contra ingresos fiscales se sitúa en el 4,74% vs el 22,46% guatemalteco.

Luego Guatemala no es un país poco endeudado como Chile, sino uno muy endeudado como España, sus ratios están en niveles en los que las alarmas deberían saltar y lo último que deberíamos prescribir es aumentar un endeudamiento ya de por sí desbocado.

La pregunta que debería hacerse todo guatemalteco es… ¿dejaría usted dinero a alguien tan imprudente como su gobierno? ¿Dejaría usted dinero a alguien que apenas ha sido capaz de gastar menos de lo que ingresa durante los últimos 34 años? ¿Dejaría dinero a aquel que gasta sistemáticamente más de un 20% de lo que ingresa y que además tiene la desfachatez de venderse como austero? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es no entonces lo último que necesita Guatemala es mayor deuda pública.

Cultura inflacionaria y banca central en Guatemala

Inflacion

Desde aquel lejano, pero recordado, 1997 en que ingrese a la Universidad a estudiar la carrera de Economía he escuchado – sin cesar – que el Banguat ha sido uno de los bancos centrales más disciplinados y formales de Latinoamérica. Relativamente creo que ésta afirmación es cierta. Comparado con los desórdenes monetarios que se han causado en México, Bolivia, Nicaragua, y Argentina (por citar algunos latinoamericanos) el Banguat es un ejemplo a seguir. Tasas de inflación relativamente bajas durante periodos prolongados hacen del Banguat un ejemplo a nivel latinoamericano. Pero, decir esto que se ha dicho, no descubriría este fenómeno en ningún sentido diferente del tradicional y por lo tanto no tendría valor de ser escrito, y mucho menos de ser leído. Por eso, me gustaría realizar una interpretación desde aquella frase casi cotidiana de Zizek en sus frecuentes conferencias transmitidas por youtube:  the everyday ideology que yo traduzco y uso como nuestra ideología cotidiana y que tiendo a interpretar como aquel enframing[1] del ser que presupone todo Dasman[2] de nuestro recordado Heidegger.  Para explicar este core interpretativo aclararé lo siguiente: nuestra ideología diaria poco tiene que ver con aquellos grandes metarrelatos de la guerra fría como el comunismo y sus inexorables leyes de la historia, o el capitalismo y sus inexorables leyes económicas[3]. Nuestra ideología diaria ha triunfado a través de hacernos creer que vivimos en una época post-ideológica y que simplemente las instituciones juegan un papel en el ordenamiento simbólico de la sociedad sin pretender ordenar la vida cotidiana de los individuos en sus implicaciones ontológicas (posibilidades de vida). Contrario a esta apariencia, pareciera ser que lo que subyace a los funcionarios públicos en las instituciones (en este caso el Banguat) es pensar que hay un derecho divino, o de superioridad de regir las posibilidades onticas (prácticas) desde su posición.  Traducido significa que los funcionarios públicos pretenden ejercer y alimentar el Will to power subordinando a la población de diferentes formas sean estas sofisticadas o burdas.

El elemento de subordinación que ha generado cierta gama de funcionarios públicos (y alguno que otro que aprovecha las circunstancias) es el de las instituciones financieras actuando bajo las reglas que impone el Banco Central. Para ejemplificar mi posición utilizaré los datos del Índice de Precios al Consumidor[4] que púbica tanto el Banguat como el Intituto Nacional de Estadística de Guatemala, INE. Usaré el año de 1997 como referenciao sólo por ser un año icono en mi propia existencia. A continuación se detalla el IPC de Guatemala Base 2010 desde 1997 (enero) hasta 2014 (agosto).

IPC 97-2014

Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Guatemala.

Utilizando un modelo semi-log[5]  podemos obtener que a lo largo de estos 17 años el equivalente de una tasa de interés compuesta, es decir, la tasa de inflación compuesta fue de 6.34%. Si usted en 1997 tenía un sueldo de Q 10,000 usted debería para diciembre de 2013 tener un sueldo de Q. 28,416.00. Este incremento sería únicamente resultado del efecto inflacionario para que usted pudiera salvaguardar su poder adquisitivo intacto. Para decir, que ha tenido incrementos reales, en sentido económico, debería de tener un ingreso superior a esos Q.28,416.00. Esto es lo que llaman los ideólogos de banca central como el buen comportamiento del Banguat. Realmente, ¿cuál es la ideología del Dasman en cuánto a Banca Central? Las reglas inconscientes (en sentido hayekiano, no freudiano) de la ideología cotidiana de dominación y poder que ejerce el Banco Central sobre la población es aquella que arruina la posibilidad de ahorro de la población. La ideología del Dasman es no ahorrar! El Dasman guatemalteco, ingenuo, creyendo que la banca central es post-ideológica, y aceptando con resignación su suerte de un mundo inflacionario: no ahorra. Lo que hace el guatemalteco común, es vivir al día cuándo su ingreso erosionado por la inflación no lo permite de otra forma. Cuándo tiene la posibilidad de ahorrar lo hace a través de la economía real comprando bienes inmuebles o algo tangible y vuelve a vivir al día. La posibilidad de generar fondos de pensión a través de mecanismos financieros está lejos de ser posible para el guatemalteco común. La  posibilidad de acceder a otros mecanismos sofisticados de inversión como los fondos de inversión son absolutamente impensados. Pero, la banca privada es muy estable, y con grandes ganancias y crecimiento permanente, ¿cómo si no se ahorra?, primera pregunta aparentemente sin respuesta.  A pesar de mantener estructuras ilíquidas (prometo explicar esto en otro post) muchas veces inducidas por las misma legislación, genera grandes ganancias y crecimiento, otra pregunta sin respuesta. ¿Cómo se mantienen con estas ganancias tan grandes de forma permanente? Todos aquellos banqueros nacionales podrían ser considerados con rendimientos superiores al mercado si en los últimos 17 años, han logrado que sus balances crezcan más allá de una tasa de 6.34% compuesta en este período.  Si lo han logrado (como industria sí) habrá que preguntarse si dichos retornos no responden a un cerco que ha generado el Banguat para la población nacional, beneficiando a algunos, perjudicando a otros. El sistema financiero nacional es tan prospero en buena medida debido a los niveles inflacionarios (relativamente bajos, pero permanentes) cortesía del Banguat. La posibilidad de la autenticidad en la existencia económica en Guatemala iniciaría al dudar del Banguat! ¿No es tan difícil, o si?

 

[1] Enfraiming habitualmente es traducido como emplazamiento. Quizá la mejor forma de entenderlo es decir que consiste en la pre-fijación de las posibilidades del ser. Por ejemplo, entender, todo en una única dimensión.

[2] Dasman en la filosofía de Heidegger puede ser entendido como el hombre promedio, aquel que vive como se de acuerdo a la tradición. Una vida perdida en la inautenticidad del Uno. Importante hacer notar que Heidegger luego del famoso giro abandona en buena medida está idea de la autenticidad e inautenticidad.

[3] Ver por ejemplo: Clynton R. López, Las Leyes económicas como voluntad de poder: Introduciendo el dialogo postmoderno a la economía, en: http://laissezfaire.ufm.edu/index.php/Categor%C3%ADa:Marzo-Septiembre_2014

[4] El Índice de Precios al Consumidor o IPC es la forma en cómo se calcula la inflación.  Se escoge una canasta de mercado en teoría representativa del consumo de una sociedad o región y luego se monitorean los precios, se establece un índice y así se mide la inflación. Estas metodologías tienen limitantes pero dan una buena idea de cómo se comportan los precios en general.

[5] Un modelo semi-log nos permite medir la tasa de cambio de la variable dependiente en relación al cambio en la variable independiente. Si se disponen los datos del IPC como variable dependiente, y los años como variable independiente y se estiman los logaritmos naturales del IPC como variable dependiente la regresión nos dará la tasa de crecimiento instantáneo de crecimiento de la inflación. Si aplicamos la propiedades de los logaritmos nos dará la tasa de crecimiento compuesta del período en cuestión que en este caso resulto ser 6.34%

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La paradoja de Marx y del marxismo

 

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El siglo XIX desde sus inicios fue marcado por los grandes cambios sociales, científicos y filosóficos. Uno de los filósofos que han impulsado estos cambios es Carlos Marx (1818-1881) cuyos escritos sirvieron de base para los movimientos revolucionarios en el transcurso de los siglos posteriores. Sin embargo, tanto la biografía de Marx como sus ideas – filosóficas, sociales, jurídicas y económicas – son plagadas de las paradojas y contradicciones.

Basta recordar la famosa frase que escribió Marx a su yerno Paul Lafargue: “lo único cierto es que yo no soy marxista”. Y es demás mencionar que el concepto del tal masticado por todos “comunismo” es bastante lejano de las ideas de este filósofo alemán. En sus numerosos trabajos e investigaciones unas contadas veces se utiliza este término. No así el “socialismo científico”, fundado por Marx a partir de los conceptos idealistas platónico-hegelianos.

La gran paradoja de la vida de Marx puede ser resumida en un refrán: en casa del herrero, cuchillo de palo. Defendiendo, a primera vista, el proletariado, el mismo Marx no tiene prisa en convertirse en su miembro ni a dedicarse a ganar sustento por ninguna vía. Pasando días y noches en la Biblioteca del Museo Británico, no gana ni un centavo y literalmente mata de hambre a 4 de sus 8 hijos, y a su esposa. Vive en la extrema pobreza desde su llegada a Londres en 1849 y hasta su muerte. Eso sí, tuvo tiempo para procrear un hijo ilegítimo a quien nunca reconoció. Sus últimos días vivió mantenido por su amigo, otro personaje paradójico, Federico Engels, un acaudalado capitalista alemán, con quien escribió en coautoría una parte significativa de sus trabajos. En general, la vida de Marx permite deducir que no hacía lo que predicaba.

Las teorías que desarrolló Marx, genéricamente llamadas “marxismo”, a pesar de parecer algunas lógicas, en realidad no lo son.  La base del marxismo (y del socialismo “científico”) radica en la teoría del materialismo histórico, expuesta por Marx en varios artículos y recopilada en su famoso tratado “La Ideología Alemana” escrito en conjunto con Engels. A primera vista las tesis presentadas en el libro tienen sentido, la oposición entre el idealismo hegeliano y el materialismo parece ser bien argumentada y ejemplificada (“en la historia la satisfacción de las necesidades materiales conduce a crear necesidades nuevas” o la descripción de las formas de propiedad en la historia). No obstante, lleva a las conclusiones equivocadas a partir de la falacia de generalización. Más que nada este error se evidencia en el concepto de la lucha de clases en el que Marx le resta el valor al individuo y no prevé la posibilidad del traslado de una clase a otra por un individuo. Así, la conclusión falaz del materialismo histórico consiste en que “la historia se desarrolla por la lucha de clases” y “la conciencia social” (el ser social determina la conciencia).

La oposición de clases en sí parece tener una razón lógica. Las oposiciones y contradicciones todavía son la base de la lógica aristotélica, tomada en cuenta y desarrollada por los filósofos posteriores, como Leibniz, Hegel, Peirce o Popper. Marx no es la excepción. Se establece la ley dialéctica de la unidad y lucha de contrarios que en muchos aspectos podría tener sentido si no fuera por la generalización de las ideas, heredera de las categorías platónicas. Luego, Marx sigue el modelo de tesis-antítesis-síntesis aplicándolo a la lucha de clases (proletariado-capitalista-revolución). En el “Manifiesto del Partido Comunista”, basado en “Los principios del comunismo” de Engels, Marx deduce que la revolución proletaria llevará al estado proletario democrático y este, a su vez, en un futuro, a una sociedad sin clases. Pero la propia lógica dialéctica marxista dice que no puede haber una sociedad sin clases. Paradoja demostrada por la historia: hasta la fecha no ha habido una sola revolución proletaria y todos los estados declarados “socialistas”, al eliminar una clase dominante (capitalista burguesa) han parido dentro de la “igualdad” otra clase dominante – la nomenclatura.

Por último, las divagaciones económicas de Marx carecen de sentido desde su concepción. En el artículo “Salario, precio y ganancia” en 1865 Marx asegura que el principal consumidor de la producción capitalista es el proletariado. Y al mismo tiempo insiste en que el capitalista siempre quiere hundir al proletariado en la miseria: la famosa plusvalía capitalista y el “fetichismo mercantilista”. No queda claro, entonces, de qué manera el proletariado, hundido en la miseria, le va a comprar al capitalista sus mercancías. Lo dicho y creído por Marx se contradijo por la propia situación de la Inglaterra de aquella época. Para el último tercio del siglo XIX el nivel de vida de los obreros londinenses creció tanto que Marx debió entender que su teoría económica fracasó.

Queda más para un análisis profundo de las paradojas del marxismo, a lo que se han dedicado numerosos pensadores desde aquella época. Entonces, ¿por qué tanta insistencia en seguir aplicando estas ideas descabelladas? ¿Será cierto que, como dijo Reagan, “los comunistas leyeron a Marx, y los anticomunistas entendieron a Marx”? Aunque no hay duda de que muchos que insisten en aplicar en la práctica el socialismo, desconocen los trabajos fundamentales de Marx y Engels.

Deuda pública

Se contraen deudas en nombre de terceros y sin su consentimiento explícito.

¿Se imagina que usted pudiera acudir a su banco y pedir un préstamo a nombre de su vecino para ser ingresado en su cuenta monetaria? No se imagine más, su gobierno se lo hace constantemente a usted.

La deuda pública es el único tipo de deuda en el que aquel que está obligado al cumplimiento de la misma es completamente inconsciente de lo que está ocurriendo.En cualquier otro tipo de deuda, el obligado a pagar debe estar de acuerdo en asumir ese compromiso, en la deuda pública no, por lo que la deuda pública desde este punto de vista es un fraude ya que aquel que contrae la deuda y el que la debe pagar no son la misma persona.

En la deuda pública se contraen deudas en nombre de terceros y sin su consentimiento explícito. Pero es que además, la deuda pública, al contrario que cualquier otra deuda, no representa ninguna forma de riqueza. Las deudas privadas tienen una contrapartida en bienes reales, en riqueza que, si falla el pago del principal, el acreedor puede ejecutar para satisfacer al menos parte del importe de la deuda. Las hipotecas tienen viviendas detrás, los bonos de empresas tienen activos productivos dedicados a producir nueva riqueza con la que pagar la deuda con los intereses correspondientes, además de, si todo sale según lo planeado, conseguir un beneficio. En el caso de la deuda pública, tan solo una pequeña fracción de ésta se encuentra en activos productivos,la mayor parte de la riqueza que el acreedor pone a disposición del Estado se utiliza para financiar gastos corrientes, o lo que es lo mismo, la riqueza “se esfuma”, no hay recursos detrás para repagar esa deuda.

Además, los pocos activos productivos que poseen los Estados suelen caracterizarse por su poco rendimiento debido a la falta de un sistema de incentivos adecuado. La empresa privada atiende a criterios de rentabilidad, se invierte en aquellos proyectos por los que se espera que los consumidores paguen un precio más alto, el incentivo es a maximizar la riqueza. Si los empresarios movidos por su ánimo de lucro aciertan, las actividades desarrolladas se autofinanciarán y se crearán puestos de trabajo sostenibles en el tiempo. Sin embargo,las inversiones estatales tienen otros criterios (políticos) que no son los de crear riqueza, por lo que sus puestos de trabajo no son sostenibles en el tiempo, no son capaces de autofinanciarse, se destruye riqueza, y estos proyectos tarde o temprano incrementan mucho los gastos corrientes que sufren los Estados puesto que los ingresos derivados de ellos suelen ser muy inferiores a los gastos necesarios para su mantenimiento. (Gastos corrientes que incrementarán la necesidad de nueva deuda no representada por riqueza real).

El Estado carece, por definición, de recursos propios, por lo que cualquier deterioro en el valor de sus activos que impidan pagar su deuda ha de ser, por fuerza, pagado por el contribuyente o por el acreedor (en caso de impago de la deuda). Dado que la deuda pública, en su mayor parte no tiene contrapartida en riqueza real, podríamos preguntarnos:¿de dónde salen los recursos para pagar esa deuda? La respuesta es del bolsillo del contribuyente. La deuda pública no tiene su reflejo en riqueza real como el resto de la deuda, sino en riqueza futura, en concreto en la riqueza futura que el sector privado sea capaz de generar y que el sector público sea capaz de recaudar.

En definitiva, en términos económicos la deuda pública es desperdiciar recursos hoy para hacernos más pobres mañana y en términos jurídicos es un fraude ya que no existe correspondencia entre aquel que pide prestado y el obligado a pagar.

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¿Socialismo del siglo XXI o las aberraciones de siempre?

Socialismo-siglo-XXI-Gente-de-HoyDurante la historia, el ser humano ha pervertido muchos conceptos y hechos con consecuencias  desastrosas. Pero la perversión más nefasta es el socialismo y comunismo que cometió primero Lenin en Rusia, Mao en China y Castro en Cuba y ahora insisten Chávez-Maduro, Morales, Ortega, Kirchner y otros tantos políticos de escasa sabiduría y nula capacidad de razonamiento. Hay que tener en cuenta que el socialismo y el capitalismo obtienen su desarrollo “científico” en los trabajos de Carlos Marx quien, aunque se equivocó en muchos postulados suyos al basarse en las falacias lógicas, pero habló del camino evolutivo del capitalismo y advertía (¡!) de la imprudencia de la revolución en los Estados que no han llegado a su fase superior del capitalismo (generación de bienes y recursos económicos) que se transformaría, según él, en el socialismo (administración colectiva) y ésta, a su vez, en el camino de la historia, al no tener más la necesidad de bienes individuales, se convierte en el comunismo. La revolución, según Marx, sería necesaria si en la fase del capitalismo los burgueses se rehusaran a despojarse de sus bienes “innecesarios”, ganados “a cosa de explotación del proletariado”.

Así, el comunismo, el socialismo y el capitalismo no son ideas contrarias sino el camino natural del desarrollo de este último, según el propio Marx. Lenin, sin tener punto de referencia histórico, pervirtió la idea de Marx y, aprovechando la revolución rusa, estableció el primer estado socialista que fracasó y cayó bajo la dictadura sangrienta de Stalin. Allí el mundo entero debió entender que la evolución no puede convertirse en la revolución, que es antinatural y amoral, pero el PCUS, Castro, las FARC, Ortega, Chávez, Morales, Putin y otros tantos gaznápiros, no entendieron -a los que no aprenden de los errores los solemos llamar con un sinónimo de insensato-. De  estos personajes espurios de la historia es el dicho: lo que natura no da, Salamanca no presta.

El socialismo del siglo XXI no es más que una manera eufemística de hundir a la gente en la pobreza para cubrir las necesidades de la clase dirigente y convertir sus países en las fuentes de riqueza para los gobernantes de manera legalizada. Tales son los casos de Cuba, de Venezuela, Bolivia, de Rusia, etc. Es el intento que le está fallando a los Kirchner y los sueños de las FARC. El argumento memo de los políticos y columnistas patosos de que estos regímenes son apoyados por la mayoría del pueblo son tan válidos como decir que los linchamientos son parte del sistema judicial. El apoyo que le da la mayoría de los cubanos a los Castro o los rusos al Putin sólo recuerda la abolición de esclavitud: cuando en EEUU, Brasil y Rusia les dieron la libertad a los esclavos, muchos de ellos regresaron con sus amos porque no estaban acostumbrados a pensar ni valerse por sí mismos. Y tenían razón los romanos y Marx: lo único que necesita la gente para ser dominada es el pan y el circo.

La diferencia entre el capitalismo y el socialismo es que el primero aspira a eliminar la pobreza a través de la igualdad de oportunidades y derechos, el segundo trata de eliminar a los ricos por medio de la igualdad social y económica (redistribución de la riqueza por medio de un impuesto progresivo, la nacionalización, el control “social” que se convierte en el estatal), que es cosa antinatural. En sí, el socialismo como sistema político es una aberración, no existe tal igualdad porque, como dicen por ahí, todos somos del mismo barro pero no es lo mismo bacín que jarro. El que trabaja, come; los cuentos de solidaridad y cohesión social son absurdos, lo que se ha demostrado por la historia. Y el control estatal no puede producir más que la pobreza y escasez de todo. Los ejemplos están ahí: el Chile de Allende, la Cuba de Castro, la URSS, la Venezuela chavista, la Argentina kirchnerista, la Corea del Norte de los Kim y un largo etcétera de los desastres económicos naturales producidos bajo el lema “todo es del pueblo” lo que se traduce en “todo es de nadie”.