POT, una fuga de gas.

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“¡Eres como una fuga de gas, no te vemos, no te olemos, pero estas matándonos silenciosamente a todos!”. Esa es la alegoría que usa Rudy Mangano, interpretado por Robert De Niro, al discutir con Terry, Virginia Madsen, en Joy, la nueva película de David O. Russell. Una película que promete no decepcionar. Pero este artículo no trata sobre el trailer de esta película, sino sobre cómo esa alegoría explica perfectamente las consecuencias de normas legales arbitrarias inmiscuidas en un plan de ordenamiento territorial como lo es el POT para la ciudad de Guatemala.

Como bien sabemos, el fin de una República es el de proteger los derechos de los individuos en contra de la coacción arbitraria, lamentablemente tal objetivo se encuentra distorsionado desde el primer artículo de la Constitución Política de la República de Guatemala, entrando está en contradicción con sí misma al estipular que su fin es la realización del bien común.

Este cimiento ambiguo permitió que muchas normas que debieran de proteger la libertad de la persona, protegieran en lugar, el interés general, pero ¿Quién dicta lo que es el interés general? Manuel Ayau logra contestar tal incógnita en su artículo Intereses contra derechos: “Por eso, y para que no quede cojo el precepto, debe complementarse así: el interés general prevalece sobre el interés particular, pero no sobre los derechos individuales, porque es de interés general que prive el derecho individual.”

Gracias a que muchos funcionarios públicos no entienden la importancia del derecho individual sobre el interés general es que se han cometido atrocidades; Se han dictado muchas normas jurídicas arbitrarias que limitan la libertad de los individuos del país, y por consiguiente, que limitan el desarrollo integral de la persona. El POT es una de ellas.

Muy acertadamente el inciso C del artículo 253 de la Constitución dicta que las municipalidades deben “Atender los servicios públicos locales, el ordenamiento territorial de su jurisdicción y el cumplimiento de sus fines propios”. Digo que es acertado porque sería ilógico que los habitantes de Xela tengan opinión sobre los habitantes de la Ciudad de Guatemala, además que es necesario establecer reglas que protejan el derecho individual de manera específica.

El ordenamiento territorial y la planificación urbana no son nuevos, los egipcios lo hicieron, los griegos, los romanos, europa asombró durante la edad media por su desinterés en ello, los renacentistas retomaron lo de los romanos, y a partir de la ilustración se volvieron creativos. Es necesario que una ciudad posea una planeación urbana, pero no una fundada sobre argumentos arbitrarios, sino una que logre respetar al individuo, y que permita que este tenga la libertad necesaria para realizar sus propósitos y así poderse desarrollar como persona.

El POT falla con este respecto al establecer una zonificación por densidad, los llamados G’s, catalogados desde los territorios menos densos o rurales (G0) hasta lo mas denso y urbano (G5). Definiendo de esta manera un límite en cuanto a que tanto una persona puede construir en su propiedad. Esto hace que el valor de aquellos terrenos con un índice de edificabilidad mas alto (G5) sea mayor que el de un terreno con menor índice, sin importarle los atributos del solar y sin importarle los propósitos del dueño.

El principal problema de este tipo de normativa es que destruye el sistema de precios dentro de un mercado libre; Propiedades que antes tenían cierto valor por sus características contextuales, lo perdieron al agregársele un atributo que no poseen. ¿Cómo sabían estos perversos planificadores la capacidad de construcción que cada terreno tiene? Al estudiar el documento soporte del POT uno logra entender que obtuvieron estos índices de edificabilidad al copiarlos de otros planes de ordenamiento, y al estudiar estas otras normativas, uno se topa con que ese tipo de densidad es la correcta para una ciudad porque es lo que se mira bien. ¿En dónde quedó el método científico?

Edward Glasser explica en su libro Triumph of the City como es que la ciudades crecen debido a la capacidad que estas tienen de economizar los recursos de los que prescindimos. Que el individuo migra del área rural al urbano pues se le hace más fácil satisfacer sus necesidades. Y que por la misma razón, entre más cerca esté un terreno del centro de esta, más valor tendrá pues se estará más cerca de sus servicios. El incremento de esta demanda es lo que da origen a edificios altos, ya que estos pueden multiplicar el área del solar verticalmente, en otras palabras, más personas pueden hacer uso de la misma propiedad por un precio menor. De esta manera, personas que antes vivían en los suburbios pueden migrar adentro de la ciudad y ahorrarse, no solo el costo que implica en relación al transporte, sino el costo del tiempo que pierden al trasladarse. ¿Suena familiar? Economizar significa ausencia de desperdicio, o, en su forma positiva, el correcto uso de los recursos. La ciudad de Guatemala ha fallado, gracias al POT, en mejorar su desempeño económico. Un sin fin de proyectos inmobiliarios tipo “colonia” en la periferia de la ciudad evidencian la alta demanda que existe por vivir dentro de la misma; pero esta no puede satisfacer tal demanda puesto que se ha limitado su capacidad constructiva. Esto, en conjunto con la mafia del transporte urbano y el desinterés por mejorar la locomoción peatonal, son las razones por las que el tráfico en la ciudad ha aumentado.

Al embarcarme en discusiones sobre el POT con individuos ajenos al desarrollo inmobiliario, a modo de experimento, recibí un susto terrible, ya que todas comenzaban con un “¿y eso que es?” ¿Cómo es posible que existan propietarios de terrenos dentro de la ciudad que no saben que se les ha arrebatado la libertad de hacer con su terreno lo que deseen y además les hayan distorsionado el valor de su propiedad, solo porque unos cuantos consideraron que así las ciudades se miran bonitas?

El POT es discriminativo e injusto, además de inconstitucional; falla en cada uno de sus objetivos, y ralentiza el progreso de la ciudad. Enfatizo, las ciudades necesitan de un plan de ordenamiento territorial, pero uno que posea normas no arbitrarias, uno que respete el derecho y la libertad individual, sino, es como una fuga de gas, inodoro, invisible, y que nos mata lentamente a todos.

 

Por Rudy M. Pineda

El tributo y el diezmo

Dos impuestos coloniales que sostenían el gobierno y a la Iglesia Católica

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Fragmento del mural donde Diego Rivera muestra el desembarco de Cortés en Veracruz

 

Durante la Época Colonial en las Indias Occidentales españolas, es decir América, existía un impuesto que solo pagaban los indígenas, se llamaba tributo. El tributo se pagaba por vasallaje al rey. Una cantidad de pesos era cobrada por cada hombre adulto de 18 a 50 años de los pueblos indígenas. La cantidad del tributo variaba en cada virreinato o audiencia.

Para cobrar el tributo se hacía conteos de población llamados padrones. Así se sabía cuántos tributarios había y el valor que cada pueblo pagaría de tributo. Se cobraba dos veces al año, en San Juan (24 de junio) y Navidad. Como no había moneda circulante el tributo era pagado en cacao o con los productos agrícolas que produjeran los habitantes del pueblo. La Real Hacienda lo recibía para luego venderlo. La Real Hacienda era la institución encargada del cobro de los impuestos para luego sufragar los pagos a los funcionarios reales y sus gastos. Equivale actualmente al Ministerio de Finanzas Públicas.

Por ser tributarios los indígenas eran exentos del pago del diezmo a la Iglesia Católica, impuesto eclesiástico que correspondía al 10% de la producción agrícola. Los españoles peninsulares, es decir nacidos en España, los criollos, mestizos y mulatos libres pagaban el diezmo, si tenían producción agrícola. La Corona española era patrona de la Iglesia por lo que la Real Hacienda cobraba el diezmo y lo distribuía entre el obispo, párrocos y la construcción de templos.

 

Johann Melchor

militenj@ufm.edu

Privilegios en la economía guatemalteca en el siglo XVI

economia colonial 3Con la llegada de los conquistadores a Guatemala, el comercio prehispánico se interrumpió. Esto debido a las constantes batallas que se libraron en toda el área de Mesoamérica y a las epidemias que diezmaron a la población. También se perdieran muchas cosechas. Fueron años duros de 1519 a 1550. Sin embargo, poco a poco se fueron construyendo las ciudades y villas, mientras que los indígenas fueron reducidos a pueblos.

El comercio se restableció paulatinamente. Se utilizaron las rutas y caminos prehispánicos, pero a la vez que resurgía la actividad comercial en Mesoamérica, en la Península Ibérica los comerciantes sevillanos consolidaron un monopolio del comercio con América.  Lograron que la Corona prohibiera la producción de vino, aceite de oliva  otros productos de su comercio en el Nuevo Mundo, haciendo ilegal la competencia, permitiéndoles controlar  la oferta y obtener grandes beneficios de los elevados precios que cobraban.

Asimismo, todos los productos americanos de exportación debían ir al puerto de Sevilla, para que de ahí los vendieran a otros reinos. Esto hizo que el comercio entre España y sus colonias dependiera del monopolio con Sevilla, limitando el comercio y propiciando el contrabando.

Todo bien producido en la colonia pagaba doble tributo, al salir del puerto americano pagaba el impuesto de alcabala y luego pagaba de nuevo al llegar al puerto de Sevilla. Lo mismo pasaba con productos que venían de España para América. Esto hizo que el consumo de aceite de oliva y vinos fuera exclusivo de funcionarios, religiosos y comerciantes. El resto de la población tenía acceso muy limitado a estos productos, lo que les forzó a buscar sustitutos. Ante la limitada oferta de vino los licores prehispánicos, como la chicha, aumentaron en popularidad y producción. Incluso la industria del ron tan desarrollada en Hispanoamérica y el caribe hoy en día, debe su amplio desarrollo en buena parte al limitado acceso al vino en la época colonial. Ya que la producción de caña de azúcar era legal, esta fue la materia prima con que contaron los emprendedores para elaborar el ron que satisfizo en buena parte la demanda por bebidas embriagantes.

Queda claro que la economía colonial se desarrolló marítimamente y en el continente por los caminos prehispánicos. La economía subsistía a pesar de los muchos privilegios que la corona otorgaba a comerciantes en Sevilla en forma de monopolios, patentes y demás limitaciones al comercio.  Cabe señalar que cuando el Reino de Guatemala se separa de España estos privilegios no desaparecen, simplemente cambiaron los beneficiarios.

 

Johann Melchor                                                                                                               militenj@ufm.edu

 

La formación de la conciencia liberal

Es un fenómeno reciente que los estudiantes universitarios cuando tienen la más fácil posibilidad, se transforman en internautas y abandonan en un click la realidad del salón de clase para viajar por las dimensiones del universo virtual, donde la tecnología permite  la facilidad de moverse  a las cotidianas redes sociales como también a los lugares más extraños  que cualquiera se pueda imaginar… Para muy pocas personas  es un secreto que cada vez son más numerosos los sitios dinámicamente  diseñados,  con información y con  imágenes atractivas para atrapar emocionalmente a cualquier navegante.

Sin caer en exageraciones, en un abrir y cerrar de ojos, los estudiantes no están en la dimensión de lo que está conversando el profesor, ellos están desconectados de la clase y en ese sentido su atención y sus controles mentales se pueden encontrar muy distantes de la universidad…

Los  cursos importantes en la UFM, como  los que imparte el CHH,  requieren  necesariamente que cada estudiante ponga toda su atención para comprender la información  que se encuentra algunas veces  dispersa en el  discurso, otras veces lo esencial se encuentra  oculto en el pensamiento metafórico de los autores. Y para eso es  indispensable tener los pies en la tierra y el pensar en la dimensión del aula. Absolutamente nada se puede comprender si los estudiantes  están  dotados de grandes cualidades intelectuales pero  se encuentran  con sus    neuronas  en una órbita lejana. Este  no es un problema intrascendente, al contrario es un problema muy serio que merece toda nuestra atención por las consecuencias  que la “fuga virtual”  tiene  sobre la consciencia de los futuros profesionales.

Afirma  Nathaniel Branden en los “Seis pilares de la autoestima” que los humanos somos seres para quienes la consciencia es volitiva. Esto significa que el diseño de nuestra naturaleza  contiene una opción extraordinaria:  la de enfocar nuestra mente o no hacerlo, en otras palabras tenemos la opción de ejercitar nuestras facultades o de subvertir nuestros medios de supervivencia y de bienestar. Esta capacidad de dirigirnos por nosotros mismos es nuestra  fortaleza y en ocasiones nuestra debilidad.

Si no aportamos un adecuado nivel de consciencia a nuestras actividades, si no vivimos de manera consciente, el precio inevitable es un deficiente sentido de eficacia personal, en el más completo significado.  Nuestra mente es nuestro instrumento básico de supervivencia. Si se traiciona ésta es peligroso. La forma más simple de esta traición es la evasión de los hechos.  Evadirnos del salón en el desarrollo de la  lección es permitir que los hechos equivocados de una realidad irracional sigan permeando en la mente de las personas que pasan por la universidad y se gradúen con escasos instrumentos para ir cambiando desde sus posiciones individuales  y profesionales esa difícil realidad actual.

Vivir de manera consciente significa intentar ser consciente de todo lo que tiene que ver con nuestras acciones, propósitos, valores y metas –al máximo de nuestras capacidades, sean cuales sean éstas-  y comportarnos de acuerdo con lo que vemos y conocemos, dice Branden.

Uno de los conceptos que debemos enseñar a nuestros alumnos para toda su vida es que la idea de vivir  de manera consciente lleva implícita la de estar presente en lo que uno hace. Si estoy enamorando a mi pareja hay que estar presente en esa experiencia,  si estoy jugando fútbol con mis amigos, hay que estar con mis amigos y no en otro lugar. Se trata de hacer lo que estoy haciendo mientras lo estoy haciendo.

Esto no quiere decir que mi consciencia se reduzca sólo a la experiencia sensorial inmediata, desvinculada del contexto más amplio de mi conocimiento. Deseo estar en el momento pero no atrapado en el momento, este es el equilibrio que me permite estar en la disposición más rica en recursos. Debemos tener claro que cada experiencia tiene su momento, de esa cuenta   la riqueza de viajar por el mundo virtual, así como también divertirnos con  conversaciones intrascendentes y enviar los textos más locos  por teléfono deben tener su momento oportuno,  que debe ser durante el tiempo libre y ese abunda exquisitamente en la época de estudiante.

Lo intensamente paradójico para  los profesores del Centro Henry Hazlitt en la realidad pedagógica universitaria lo constituye el reto de establecer el mayor número de conexiones entre los contenidos de los programas y el universo virtual con el objetivo de formar un “sistema informático” donde se complementen de forma integral, así como lo han planteado Douglas Thomas y John Seely Bronwn en el libro “A new culture of learning”, que tuvimos la oportunidad de discutir en un curso, y en donde hemos podido analizar las inmensas posibilidades  que se ocultan en esos sitios extraños y alucinantes… y que a través de la exploración estudiantil representan un maravilloso desafío para la educación liberal.

Debemos tener siempre presente que una de las razones por la que debemos constantemente motivar y solicitar sin compromisos  la atención de nuestros  estudiantes en el aula  es porque la realidad ideológica está totalmente  deformada, repleta de demagogias colectivistas de los más variados matices que se fueron inculcando a través de los años en  nuestra sociedad.  Y conocer la teoría liberal de la Escuela Austriaca, con sus principios económicos y su filosofía requiere de un espíritu alerta,  en el que no debemos olvidar que  aprender a vivir de manera consciente es vivir aprendiendo a ser  responsables  hacia  esa realidad. No es necesario que nos tenga que gustar lo que vemos y escuchamos, pero tenemos que reconocer que los profesores realizamos una contribución decisiva en el proceso de madurez intelectual de los estudiantes.

En el caso específico de las clases del CHH no se trata únicamente de trasmitir información, sino que  debemos establecer comunicación,  que es un reto de mayor trascendencia porque implica la  responsabilidad de la formación de la consciencia liberal en los futuros profesionales y para esto debemos poner en juego toda nuestra imaginación, nuestra sensibilidad y por encima de todo nuestra razón.

Enrique Ramírez B.  

reramirez@ufm.edu

El salario mínimo diferenciado: legal y beneficioso

“Guatemala tiene tasas de inversión y ahorro sumamente bajas que mantienen al país en un nivel de pobreza que solo va superando con mucha lentitud.”

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Hace poco se anunció el nuevo salario mínimo para 2015. En dicho acuerdo se acordó un salario de Q.2,394.40 excepto para los municipios de San Agustín Acasaguastlán, Guastatoya, Estanzuela, Zacapa, y Masagua, para los cuales habría un salario mínimo de Q.1,500.00.

Esta decisión ha sido bien recibida por algunos y fuertemente criticada por otros. Los argumentos van porlas consecuencias económicas. El aspecto legal en cuanto a que cuestionan su validez jurídica y en cuanto al aspecto económico porque hay quienes piensan que es una decisión perjudicial para los trabajadores. Intentaré opniar brevemente sobre ambos aspectos del asunto.

Desde el punto de vista legal creo que la decisión es perfectamente legal y compatible con la Constitución y los principios del derecho de trabajo. El inciso “f” del artículo 102 de la Constitución establece que el salario mínimo fijado “de conformidad con la ley” es un derecho del trabajador. A su vez, la “ley”, en el artículo 103 del Código de Trabajo establece que el salario mínimo debe fijarse “atendiendo a las modalidades de cada trabajo, a las particulares condiciones de cada región y a las posibilidades patronales en cada actividad intelectual, industrial, comercial, ganadera o agrícola”.

De la lectura de la propia ley podemos concluir que el salario mínimo se fija tomando en cuenta varias circunstancias, entre ellas las condiciones de cada región. Está claro que por las condiciones menos afortunadas de ciertas regiones respeco de otras, los salarios que se fijen en unas regiones pueden ser más bajos. De hecho, ya hay un precedente que reconoce que establecer un salario diferenciado no viola el derecho de igualdad. Así lo manifestó la Corte de Constitucionalidad en el expediente 1022-2011 cuando se le cuestionó por la constitucionalidad de un decreto que establecía un salario mínimo distinto para la actividad maquilera y exportadora.

Ahora veamos el aspecto económico. Está claro que todos quisiéarmos que los salarios fueran más altos. Dicho de otro modo, todos quisiéramos acabar con la pobreza.   Sin embargo, fijar salarios mínimos más altos definitivamente no resuelve el problema. El salario solo puede aumentar en la medida que la demanda de trabajo aumente. La demanda de trabajo solo puede aumentar en la medida que la inversión incremente.

Guatemala tiene tasas de inversión y ahorro sumamente bajas que mantienen al país en un nivel de pobreza que solo va superando con mucha lentitud. Necesitamos generar más empleos y está claro que ofrecer un salario mínimo más flexible es un incentivo importante para lugares de la provincia donde se crean pocos empleos formales. La inversión no fluye hacia la provincia por muchas razones: falta de infraestructura, mano de obra poco calificada, mercados pequeños y de bajo poder adquisitivo, entre otras. A ello hay que sumar el salario que es un costo más (uno muy alto sobre todo para los pequeños y medianos empresarios).

Edgar Ortiz

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Filosofía del “¿qué hay de lo mío?”

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Esta “filosofía” podría traducirse como: “¿y mi parte del pastel?” Se ha producido riqueza en la sociedad y realmente su distribución me parece injusta, por lo tanto sería deseable redistribuir renta desde aquellos que mejor parados han salido en el reparto hacia aquellos que más se lo merecen (y que sospechosamente coincide con el grupo social desde el que se lanza la petición).

La base de esta “filosofía” se encuentra en la creencia de que la distribución del ingreso es independiente de su creación. Este primer error tiene su origen en el (por otra parte brillante) economista inglés del siglo XIX John Stuart Mill. El mismo rompe con la tradición de los economistas clásicos que afirmaban la completa interrelación entre estos elementos. Según este postulado podríamos repartir la riqueza obtenida de la manera que quisiéramos sin afectar ni un ápice a la creación futura de esa misma riqueza, serían circuitos independientes en la estructura económica.

Sin embargo este planteamiento olvida las expectativas que se forman los agentes económicos ante los incentivos que provoca la redistribución del ingreso. Por un lado los productores se verán marginalmente empujados a dejar de producir ante la amenaza de no ser capaces de apropiarse del fruto de su trabajo. Esta disminución de la actividad económica es tanto mayor cuanto mayor sea la redistribución del ingreso, al fin y al cabo nadie produciría ni trabajaría si se conoce de antemano que no se tendrá una compensación de algún tipo por el esfuerzo realizado.

Por otro lado aumentan los potenciales buscadores de esa redistribución. Se introduce el incentivo a los agentes a cambiar la actividad productiva por la actividad política (entendida como presión para recibir redistribución). Es la clásica distinción entre medios políticos y medios económicos. Ante la posibilidad de conseguir riqueza mediante la redistribución los individuos lanzan todo su esfuerzo y creatividad a conseguir esta redistribución. Así cambiamos marginalmente el esfuerzo de los ciudadanos desde producir para satisfacer necesidades de terceros a presionar para conseguir una parte de los bienes producidos sin necesidad de dar algo a cambio, es decir desde creación de riqueza a parasitismo.

Otra importante pata es de la citada filosofía es que los incrementos de la producción son independientes de los métodos y técnicas empleadas para lograrlos. Consecuentemente la pregunta sería, si la economía el año que viene crecerá un 4%, ¿cómo nos lo repartimos? Una vez más el planteamiento es falaz. Si aumenta la cantidad de bienes y servicios disponibles (o su valor) con una cantidad de factores constante esto es sinónimo de aumentos de productividad y estos mismos suelen ser el reflejo de un mejor aprovechamiento de recursos como nuevos procesos industriales que permiten hacer más producto con menos esfuerzo o investigación en desarrollo de nuevos productos con gran capacidad de satisfacer nuevas necesidades. La recompensa a los iniciadores de este proceso es una temporal renta extra que consiguen con unos mejores términos de intercambio. Es temporal debido a que la competencia tiende a volver más productivos a sus potenciales competidores (por imitación) y en el corto plazo desaparecen las ganancias derivadas de estos aumentos en la productividad por lo que la economía en su conjunto se encuentra en una posición mejor que la anterior al aumentar productividad y extenderse el ingreso derivada de la misma.

Este proceso se repite una y otra vez constantemente en múltiples industrias, pero si redistribuimos esas rentas temporales a las que estamos haciendo referencia estaremos eliminando el incentivo a que aumente dicha productividad. Ninguna economía puede permitirse tener impuestos a la productividad, pero las economías más pobres con mucha mayor razón, a no ser que el objetivo sea perpetuar la pobreza.

En definitiva la filosofía del “¿qué hay de lo mío?” fomenta actitudes egoístas al fomentar participar en las rentas que no se han creado y provoca pobreza al disminuir los incentivos a producir y a mejorar los procesos productivos. La respuesta es entonces clara: no a la redistribución.

Daniel Fernández Méndez

 

 

 

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La otra guerra en la Guatemala de posguerra

Las ONG que encubren actos terroristas mientras reciben dinero de contribuyentes europeos deben ser una precaución para Latinoamérica

Antón Toursinov

El caso de los nefastos resultados de la “paz” guatemalteca debe servir de ejemplo a los países latinoamericanos, hostigados por las guerrillas rojas que intentan legalizarse a toda costa. Los únicos objetivos de los terroristas guatemaltecos, salvadoreños, colombianos, mexicanos, peruanos y de otros países han sido llegar al poder para vengarse del propio Estado y sus fuerzas de seguridad y, de paso, lucrar con la desgracia humana que los mismos terroristas han sembrado.

En Guatemala en 1996 se firmaron los Acuerdos de Paz bajo las condiciones chantajistas de la guerrilla. Los países europeos, siendo garantes de estos acuerdos, insistieron en la creación de las organizaciones no gubernamentales (ONG) dedicadas a la protección de los derechos humanos —organizaciones no auditables y no fiscalizables— y se comprometieron a mantenerlas económicamente a través de las donaciones.

Así, la “defensa de los derechos humanos” se ha convertido en un negocio en este país centroamericano, pero un negocio exclusivo de los exguerrilleros terroristas. Sin embargo, escondiéndose bajo la piel de los “defensores” y percibiendo millones de euros del dinero ajeno, los activistas de ONG siguen sembrando el terror entre la población y continúan destruyendo la propiedad pública y privada.

 

La “defensa de los derechos humanos” se ha convertido en un negocio en este país centroamericano, pero un negocio exclusivo de los exguerrilleros terroristas

Desde principios de los años 90, los exguerrilleros han conseguido espacios en el Gobierno y en la prensa nacional: entraron en la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) y otras organizaciones semejantes que “contabilizaron” sin ningún rigor estadístico —o por lo menos hasta la fecha no lo han presentado— las 200.000 y pico víctimas de la guerra civil, lo que horrorizó al mundo.

La información sesgada sobre Guatemala les ayuda hasta la fecha a provocar más pena y lástima en el extranjero, por lo que los ahora “defensores de los DDHH” —los mismos terroristas de la época del conflicto— han logrado donaciones astronómicas. Por ejemplo, entre 2007 y 2013, el Gobierno y ONG guatemaltecas han recibido más de €135 millones de parte de la Unión Europea, entre otras donaciones.

Claro que el enfoque mediático principal de la exguerrilla es la comunidad internacional. Las ONG, al sembrar el terror y al perpetuar crímenes en Guatemala, crean la imagen de la violencia desmedida y la violación de los derechos humanos y con eso logran su objetivo: formar la opinión pública internacional, arraigar las imágenes de los horrores de la miseria en Guatemala en la mente del público de allá y asociar la palabra “Guatemala” con los conceptos de injusticia, irrespeto a los derechos humanos y delincuencia en general. Todo ello permite aumentar el flujo de las donaciones.

El caso más sonado en las últimas semanas es el acto terrorista en el municipio de San Juan Sacatepéquez, a escasos kilómetros de la capital guatemalteca.

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En el lugar fueron masacradas 11 personas (todos ellos campesinos indígenas). Se supo desde el momento del crimen quiénes son los responsables: los mismo que se escudan bajo el falso título de los “defensores de los derechos humanos” – concretamente el Comité de Unidad Campesina (CUC) encabezado por exguerrillero y beneficiario de las donaciones internacionales, Daniel Pascual. El mismo CUC que quemó la Embajada de España en 1980 con múltiples víctimas mortales. El mismo CUC que ahora es mantenido con el dinero proveniente de España y otros países europeos —o mejor dicho, con el dinero de los contribuyentes españoles y europeos.

A las ONG en Guatemala les provoca rabia y odio la prosperidad ajena porque sería el fin de sus negocios lucrativos de las donaciones internacionales.

Los asesinados de la manera más brutal del pasado 19 de septiembre eran miembros de las familias que trabajaban en la construcción de una planta cementera en la aldea y conformaban un comité de las víctimas del terrorismo causado por las ONG.

El CUC y demás ONG se ensañan contra las empresas (cementeras, hidroeléctricas, mineras) y contra sus trabajadores, que operan en el país llevando el progreso, generando empleo, construyendo escuelas y centros comunitarios, capacitando a los trabajadores y a los vecinos de los lugares donde construyen sus plantas. Sin embargo, a los “defensores de los DD.HH”. Les provoca rabia y odio la prosperidad ajena porque sería el fin de sus negocios lucrativos de las donaciones internacionales.

No obstante, hay esperanzas de que todo esto no suceda en los demás países que deben tomar en cuenta todos los errores cometidos en el proceso de la mal llamada “paz” en Guatemala. La comunidad internacional, sobre todo los donantes europeos de las organizaciones guatemaltecas, deben estar conscientes de que están financiando el crimen organizado y el terrorismo legalizado que van a seguir sucediendo mientras exista este financiamiento.

Al fin, los ciudadanos europeos tienen que exigir a sus Gobiernos la rendición de cuentas del gasto de sus propios impuestos.

Publicado original para Panam Post http://esblog.panampost.com/anton-toursinov/2014/10/02/la-otra-guerra-en-la-guatemala-de-posguerra/

EL MERCADO DE OTROS

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En Guatemala, dentro de las mismas instituciones públicas se puede encontrar un mercado informal de un sinfín de bienes y servicios.

A simple vista  podrá observar pasillos con basureros llenos y techos de cielo falso con parches vacíos y golpeados por el paso del tiempo;  al lado, unas oficinas sobrepobladas de escritorios donde torres de pintorescos papeles y tazas de café adornan el panorama.

Ahora,  preste atención y agudice el oído podrá percatarse de un numero de transacciones que suceden entre los individuos que forman un mercado informal que no es evidente pero si latente entre los trabajadores de estas entidades. Puede comprar desde queso, crema, huevos, alfajores, galletas, manjares, chumpas de cuero, joyas, ropa, maquillaje, tupperware; usted dígalo, seguro encontrará un ansioso y amigable vendedor.

En este desapercibido mercado encontramos vendedores, compradores, canales de distribución, segmentación de precios, intermediarios, crédito, competencia, reputación de cumplimiento, precios al por mayor, reventa, etc.

“¿Ya vio mi catalogo?”  y “¿Puedo pagarlo a fin de mes?”  Se escucha frecuentemente.

Las leyes de la oferta y la demanda de un mercado libre logran encontrar un dinámico espacio de compra y venta dentro de los mismos trabajadores; logrando entre ellos ajustar de manera natural su salario. “¿A cuánto vende? ¿Tiene más barato? mejóreme el precio”;

Si ellos, dentro de las mismas instituciones gubernamentales lo tienen tan claro ¿Por qué quieren burocratizar el mercado de otros?

Adriana Castellanos Bustamante

acastellanos@ufm.edu

Agotamiento recursos naturales

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La voz del anticapitalista reza; el consumismo exagerado de los últimos siglos está esquilmando el planeta. Es por ello que  debemos  explotar  menos  estos  recursos  materiales, y  dejar algo a las generaciones futuras, pecamos de una falta de “altruismo intergeneracional” que hará que nuestros descendientes vean reducida su calidad de vida. Y es que a fin de cuentas un crecimiento infinito es imposible en un mundo finito… ¿Es esto cierto?

Esta visión es, por desgracia, ampliamente aceptada en las sociedades actuales, sin embargo el razonamiento es en extremo simplista y en su mayor parte erróneo.

En un mundo estático, estas reclamaciones  podrían  tener  algo  de  sentido, efectivamente, si para conseguir un fin determinado se necesitara siempre la misma cantidad  de  recursos,  y  estos  además  no  pudieran  sustituirse  entre  ellos,  la argumentación sería válida. Por fortuna la característica esencial del ser humano es su creatividad y el uso de la razón para resolver los problemas. De esta manera, lo que ayer se hacía con un esfuerzo enorme hoy  puede  realizarse  con  una  cantidad  de recursos ínfima. La producción de una pequeña granja actual en un país desarrollado hubiera necesitado de vastas extensiones y de una ingente cantidad de mano de obra en  el  neolítico.  El  ser  humano  consigue,  gracias  a  su  creatividad  hacer  más  con menos. Es decir aumenta su eficiencia en el uso de los recursos.

Además el hecho de que una misma necesidad pueda ser satisfecha de un casi sinfín de formas,  y  que  muchas  veces  un  mismo  producto  pueda  ser  fabricado con diferentes materiales viene a resaltar que la limitación física de los recursos naturales podría no ser tan importante. Cuando un recurso empieza a ser escaso, o se prevé que lo sea en un futuro, y es muy demandado, su precio comienza a subir, haciendo a los productos con el fabricados menos competitivos y atractivos a los consumidores, empezando  rápidamente  a  aparecer  sustitutivos  que  pueden  ser  realizados  con materiales muy diferentes, que no se prevean sean escasos en el futuro.

De forma que el agotamiento de un recurso natural es altamente improbable, ante el eventual futuro agotamiento, el alza de precios hace que se restrinja su consumo, destinándose a los usos más urgentemente sentidos por los consumidores. Este alza de precios no tiene porqué  resultar  en  un  peor  nivel  de  vida  de  los  consumidores afectados, ya que el ingenio empresarial, en su búsqueda de beneficios va a tender a proveerles bienes que en su proceso de fabricación utilizan mucho más eficientemente el recurso o bienes sustitutivos fabricados con otros recursos.

Además,  la  temida  especulación  viene  en  ayuda  de  las  más  inquietas  mentes ecologistas.  Ante  la  potencial  escasez  futura  de  cualquier  recurso,  los  empresarios especuladores  siempre  deseosos  de  obtener  beneficios  evitarán desperdiciar el recurso hoy en cualquier rama productiva si prevén que mañana este recurso va a multiplicar su valor. Es decir tienen un poderoso incentivo a guardarlo, e incluso a reproducirlo en la medida de lo posible. En otras palabras, los especuladores guardan,  conservan  e  incluso  si  pueden  multiplican  los  recursos  naturales  más escasos. Además, al sacar del mercado grandes cantidades del recurso, provocan un alza en su valor, desatando los mecanismos descritos anteriormente de búsqueda de eficiencia  y  de  recursos  alternativos,  con  lo  que  la  función  beneficiosa  de  estos especuladores para la conservación de los recursos es doble.

Un gran ejemplo sería la producción de energía, en el caso del carbón o el petróleo su mayor escasez tan solo incentiva otras formas de producir energía y no tanto un agotamiento del recurso, de hecho hoy en día tenemos formas más baratas de producir energía, algunas renovables (eólica) y otras no (nuclear).

 

Daniel Fernández Méndez

El fraude y los peligros de la monetización de deuda pública

De forma resumida decimos que hay dos formas por las que un Estado consigue recursos. Una de ellas es mediante impuestos, es decir, extracción de riquezas presentes al sector privado; y la otra es la deuda pública, o, lo que es lo mismo, extracción de riquezas futuras al sector privado. Las alternativas se reducen a impuestos presentes o impuestos futuros.

Existen dos formas de poner en circulación la deuda pública. La primera de ellas es una subasta pública: acreedores privados comprarán los títulos con la confianza de que serán repagados a su vencimiento. A pesar de que socialmente la deuda pública es un fraude, de forma individual los inversores siguen las mismas pautas que para invertir que en deuda privada, esto es, honorabilidad del deudor y capacidad de pago del mismo. En cuanto cualquiera de las dos empieza a tener dudas, el crédito empieza a ser restringido y el tipo de interés exigido aumenta por el mayor riesgo que asumen los acreedores.

La segunda es mediante la monetización. Esto es, la autoridad monetaria – generalmente un banco central – compra los títulos de deuda pública y en contraprestación crea nuevos medios de pago que entregará al Estado. En otras palabras: compra la deuda pública con moneda de nueva creación, por lo que aumenta la cantidad de dinero en la economía en la misma medida que se vende deuda pública al Banco Central.

La razón de utilizar este complicado método estriba en el grado de inconsciencia de los usuarios de la moneda sobre cuál es la verdadera naturaleza del proceso mencionado. En realidad, lo que ocurre es que el Estado, incapaz de vender toda su deuda pública a un interés razonable en el mercado, hace uso del mecanismo monetario para convertir, de forma subrepticia, en acreedores suyos a la población usuaria de la moneda. El usuario de la moneda en relación con la deuda pública tiene dos opciones: comprar o no comprar. Pero, si no compra, se le hace de forma indirecta y escondida partícipe de una deuda pública que nunca quiso comprar. La monetización de deuda pública no respeta las decisiones de los ciudadanos con respecto a qué hacer con su dinero.

La principal diferencia, en términos económicos, entre los dos métodos es la presencia de inflación en el caso de las monetizaciones. En el primer caso, el dinero de los acreedores es utilizado directamente por las administraciones públicas. Aumenta la demanda que el Estado hace de recursos y en la misma medida disminuye la demanda que sus acreedores hacen de recursos. En el segundo caso, el Estado crea nuevas disponibilidades, es decir, nueva moneda con el fin de atraer nuevos recursos. La nueva demanda estatal de recursos se une a la de los agentes privados que no han reducido sus demandas, no han dejado de consumir o invertir para que el Estado lo haga. La nueva moneda así creada tendrá un efecto inflacionista.

La causa última de la inflación son los Estados, que, viéndose siempre cortos de tesorería, proceden a emitir deuda pública y a comprarla ellos mismos mediante el poder que les concede su monopolio de emisión de moneda.

Daniel Fernández Méndez