BBC Mundo: “Las dificultades para hacer negocios en Venezuela”

Alguna vez se ha preguntado por qué la gente huye de países socialistas donde todos supuestamente son iguales y todos disfrutan de lo mismo?  En el socialismo hay  -supuestamente-  seguridad alimentaria,  educación del estado  para todos  y grandes adelantos de la medicina.    Pues la razón es que no es cierto todo lo que dicen del socialismo y la prueba es que la gente abandona  esos regímenes a pesar de que ofrecen  de todo.  La razón:  no hay libertad y, por ende,  no hay incentivos para quedarse.   Hasta los atletlas,  un grupo privilegiado de los países socialistas,  abandonan ese sistema en cuanto pueden.

Una prueba más de lo que se da realmente en el socialismo lo destaca hoy la BBC Mundo en su columna “Las Dificultades para Hacer Negocios en Venezuela”.  Dicha columna señala que para la más mínima compra se necesita alguna forma de identificación.  Hay límites para todo y se necesita permiso para todo.   En muchos trámites bancarios se necesitan dos firmas, huellas digitales y en algunos casos incluso una fotografía.     La columna agrega que para comprar un ticket de avión,  una cajera pidió que le explicaran de dónde había obtenido el dinero para adquirirlo.  Una casa o apartamento vacío puede ser convertido en un albergue para los indigentes en cualquier momento.

En ese estado de cosas,  quienes podrían apoyar a Chávez todavía?  Pues los que han recibido tierras expropiadas,  los que han recibido casas gratis o bien los que reciben prebendas del estado gratis.   El final de la historia es que existe  escasez de todos los productos básicos porque no hay incentivo para producir.  Chávez está convirtiendo a todos en pobres como sucedió en el socialismo de  la Unión Soviética y de la China durante el siglo 20.   Es obvio que el socialismo (del siglo 21)  de Chávez  tampoco está funcionando y los resultados están a la vista.  Si quiere saber más de cómo es vivir en el socialismo de Venezuela,  le recomiendo hacer el link.

Corralito cambiario en Argentina

Argentina hace rato que ha pasado de ser un país medianamente desarrollado (en los primeros años del siglo XX) a una republiqueta “bananera”. Y no sólo el actual gobierno ha contribuido a esta deplorable distinción. Gobiernos de diversos signos partidarios, civiles o militares. Y a lo largo de la tercera o cuarta década del siglo pasado. Sin embargo, en los últimos años la evaluación en términos de transparencia, libertades económicas, competitividad o respeto al derecho de propiedad, por ejemplo, ha venido perdiendo posiciones. Para mencionar una: entre 1996 y 2011 la calificación de la libertad económica del país, que realiza Heritage Foundation, cayó del 74% al 50%. Argentina se ubica en la posición 138 de 179 países relevados. Una muestra de la pérdida de libertades económicas lo observamos en los últimos días. Dado que en los últimos 4 años los precios han aumentado aproximadamente un 100% y el dólar solamente un 30% se han generado ciertos desequilibrios en la economía. Uno de ellos es el abaratamiento relativo del dólar frente al resto de los bienes y servicios. Por esa razón, y otras más que no vale la pena mencionar ahora, la “fuga de divisas” a lo largo del año en curso ha sido de unos 20 o 21 mil millones, cuando el año pasado, por ejemplo, fue de 10 mil millones. El gobierno, que oficialmente registra solamente una inflación menor al 10% anual, vende dólares a través del banco central, de los bancos estatales comerciales o del organismo de fondos de pensión. Pero como esto no alcanza para mantener a raya el precio del dólar en los últimos días a sancionado un conjunto de normas intentando descomprimir al mercado cambiario. Por un lado, obligó a las empresas petroleras y mineras a liquidar el 100% de sus exportaciones en el mercado local, con la intención de aumentar la oferta de dólares. Por otro lado, inició una persecución a los compradores de dólares en las casas de cambio y bancos. Han salido cientos de inspectores del organismo tributario a amedrentar a los compradores, apoyados por la policía. Lo que ha sucedido es que la gente, en respuesta de estos controles cambiarios, sigue comprando dólares pero ahora en el mercado informal. La brecha entre ambos mercados ya es mayor al 10% o más. Entonces, el gobierno la semana pasada ha lanzado a sus empleados a perseguir a las personas que quieren adquirir dólares, que lo hace mayoritariamente porque “huele” que “algo” tiene que pasar con el tipo de cambio cuando los precios de los bienes y servicios han crecido 3 o 4 veces más que el dólar. ¿Cuál es la documentación que debe presentar una persona que quiere comprar dólares en Argentina? Tome nota: el documento de identidad junto con una fotocopia del mismo, una fotocopia de algún servicio (internet, gas, electricidad, etc) donde figure la misma dirección que en el documento de identidad y una fotocopia del recibo de sueldo. Pero a partir del lunes los demandantes del verde billete tendrán que sumarle a la anterior lista la constancia de la clave de identificación tributaria. Las casas de cambio y bancos deberán constatar en su sistema informático que el patrimonio e ingresos de las personas sean consistentes con la cantidad de dólares que quieren comprar.

 

¿Entonces qué hay que esperar en materia cambiaria en Argentina? Los que hemos estudiado algún curso básico de economía sabemos que los controles cambiarios se aplican cuando las autoridades del banco central ven bajar a una velocidad cada vez mayor su nivel de reservas, como consecuencia de una “corrida” cambiaria. El dilema del banco central es o continuar vendiendo reservas al precio estipulado o dejar de vender reservas permitiendo así que la divisa aumente de precios. La otra alternativa es vender las reservas pero a otro precio, uno mayor. Por ahora las autoridades argentinas están orientando todas sus medidas al corto plazo, obligando a las empresas a liquidar exportaciones en el mercado local  y controlando por todos los medios a los demandantes de dólares. ¿Resultado? En el corto plazo vamos a ver un aumento en la importancia del mercado informal. La brecha entre el tipo de cambio oficial (al que vende el banco central) y el tipo de cambio “negro” o no oficial irá ampliándose en función de los controles que se implementen. Lo que podemos decir es que en los últimos 4 mil años los gobiernos han intentado controlar precio (como lo explica mi amigo historiador Alejandro Gómez). Nunca han logrado éxito, solo triunfos temporales.

La más alta tasa de fecundidad de Latinoamérica

En los países en vías de desarrollo (como el nuestro) no tenemos muchos datos a la mano y por eso,  cuando al fin logramos algún dato,   es importante resaltarlo.  Esta semana recién pasada nos enteramos en el matutino Prensa Libre que Guatemala tiene la más alta tasa de fecundidad (es decir,  el número de hijos por mujer) de Latinoamérica.   Eso de por sí no sería malo si quisiéramos aumentar nuestra población pero ese no es el caso nuestro. El matutino señala que la ONU hizo el estudio pero la solución que señalan es que el sector privado tiene que tributar más para solucionar el problema. Yo creo que hay otra solución. Veamos a continuación.    

La columna en mención señala que la mujer guatemalteca entre 15 y 49 años tiene (en promedio) 3.8 hijos cuando en el resto de Latinoamérica el promedio es de 2.2 hijos.   En naciones de Africa,  como Camerún,  el número de hijos por mujer es de 4.3 y en Somalia es de 6.3.    La columna agrega que se espera que el 31 de octubre (es decir,  para cuando estén leyendo este post)  ya seamos 7 mil millones de personas en el planeta.   Ver link.

Por último,  la experiencia nos señala que el mejor control de la natalidad es el nivel de educación de las personas.   Por eso es que los países desarrollados tienen una tasa de fecundidad negativa;  es decir,  están inclusive, disminuyendo su población.   Si queremos disminuir nuestra tasa de fecundidad tenemos que aumentar la productividad de nuestra gente para que puedan lograr un mejor nivel de vida.  Esa productividad aumentará cuando exista mayor seguridad a la inversión y más inversión de capital (más máquinas y más fábricas) para que nuestra gente pueda ser más productiva.   Por lo tanto,  el  crecimiento poblacional se ajustará cuando se haya logrado mayor bienestar.

La visión del futuro de Microsoft

La revista Computerworld sacó el día de ayer una columna que me parece novedosa.  Se trata de la visión del futuro hecha por Microsoft.   Es un video hecho por ellos (Microsoft)  en donde nos da una idea de lo que podría ser el mundo con los adelantos tecnológicos del futuro.    Qué cambios podrían darse en diez años?  Pues veamos.

El artículo de Computerworld nos señala que hace diez años no habían aparatos multitouch,  no existía el  iPhone, Android ni nada remotamente parecido.  El iPod original acababa de salir y no existía iTunes.  No había Xbox, ni YouTube,  ni Flickr y Google era sólo un motor de búsqueda como los demás.   Gmail, Maps, Docs, Calendar y demás servicios de Google no existían.   Facebook?  Ni cerca.  Mark Zuckerberg estaba en high school todavía..!!  Casi todos los productos que Apple vende hoy en día –el iPad, el iPhone, Siri, Apple TV, iMac y el MacBook Air hubiesen parecido como ciencia ficción.

Vale la pena ver el video (y leer la columna) porque generalmente cuando pensamos en los productos del futuro pensamos en mejores versiones de lo que ya tenemos.   Pero los cambios tecnológicos no han sido así.    Más bien,  hemos visto surgir productos totalmente nuevos a lo que hoy en día estamos acostumbrados.   Por eso es que vale la pena ver el video.  Hagan el link.   Se los recomiendo.

Economía a los palos

Desde hace cerca de 50 meses que en la Argentina existe lo que los economistas llaman “fuga de capitales”. ¿Qué es esto? Básicamente la compra de divisas que la gente y las empresas realizan para llevarse a cuentas del exterior o guardarlas dentro del colchón. En los últimos 8 años dicha “fuga” alcanzó unos 70 mil millones de dólares, un monto enorme para la economía argentina. ¿Cómo fue posible evitar una “explosión” cambiaria, es decir, una devaluación de magnitudes fenomenales? Simple: con un excedente en la balanza comercial (las exportaciones superando a las importaciones) por un monto de unos 100 mil millones de dólares. O sea, la demanda proveniente de la salida de 70 mil millones de dólares como “fuga” fue compensada por la oferta del saldo comercial por 100 mil millones. Por lo tanto el gobierno no se preocupaba por la compra de dólares por parte de la gente y empresas para sacarlos del sistema. Pero este año el saldo de la balanza comercial ha sido decreciente: mientras las exportaciones acumulan un total de 63.500 millones, las importaciones alcanzaron los 55.500 millones, es decir, un superávit de 8 mil millones de dólares. Por otro lado la “fuga” de divisas de estos primeros 9 meses ya alcanza los 20.000 millones de dólares. El resultado de esto es que el banco central, para mantener el tipo de cambio nominal estable o sin demasiados cambios, tiene que vender dólares al mercado. De esta manera el stock de reservas del banco central disminuye día a día. Es por esto que el gobierno, en vez de tratar de generar la confianza necesaria para disminuir la compra de dólares por parte de la población, utiliza la persecución de los organismos de seguridad y el ente de recaudación. Para asustar a los que quieren comprar dólares, con la amenaza de hurgar en su situación patrimonial y de ingresos frente al fisco. Esto viene ocurriendo desde hace unos diez días en el microcentro de la capital del país, donde los inspectores tributarios ingresan a los bancos y casas de cambio para desincentivar la compra de divisas. Ayer, en un nuevo intento típico de la edad de piedra, por lo burdo de la acción, el gobierno emitió un decreto por el cual obliga a las empresas petroleras y mineras a liquidar las divisas que obtienen como consecuencia de sus exportaciones en el mercado local. Es decir, todos los dólares que les ingresan a las empresas por vender sus productos en el exterior deben ser vendidos en el mercado de cambios de la Argentina.

 

La economía argentina se va pareciendo cada vez más a las economías supuestamente “capitalistas”, como la Alemania nazi o la Italia fascista de entreguerras, pero que en realidad las decisiones de los consumidores y empresarios dependían de las órdenes que les dictaban los funcionarios públicos de los ministerios gubernamentales. Una economía que aunque formalmente reconocía la propiedad privada en los hechos la eliminaba, destruyendo así el sistema de precios. ¿Hace falta recordar cómo terminaron las economías nazis o fascistas?

Marcha mundial de “indignados”: algunas reflexiones más

Hace ya unos días se realizaron manifestaciones de los llamados “indignados” por cientos de ciudades del planeta (para ver las fotos, clic acá). La más violenta y multitudinaria parece que fue la de Roma. Escuché en una radio a uno de los que lideraban las manifestaciones, creo que en New York o alguna ciudad sudamericana. Esta persona decía que se oponían a los tres poderes más grandes del mundo: el financiero, el político y el mediático. ¿Qué es este nuevo “movimiento”? ¿Será, como dice el expresidente español Aznar, un grupo marginal antisistema? Aparentemente son personas que le asignan a los bancos la responsabilidad de la crisis económica y financiera de los últimos años, lo cual ha llevado a la franja de jóvenes a niveles de desempleo sumamente elevados. Y los “indignados” son mayoritariamente jóvenes, quizás muchos universitarios o con un título ya, que observan cómo sus expectativas laborales se esfuman con la crisis actual. Probablemente quieren volver a la situación previa a la crisis, donde los universitarios tenían un ingreso casi asegurado, ya sea por lograr un empleo o a través de un subsidio estatal. Las cosas hoy no son tan fáciles: el desempleo ha aumentado enormemente en occidente, fundamentalmente en los países desarrollados, y los presupuestos estatales ven menguada su posibilidad de continuar sosteniendo los planes de seguros de desempleo. Por lo tanto, muchos salen a la calle a manifestarse contra los supuestos culpables de la crisis, a proponer que en vez de salvar a los bancos los salven a ellos, a eliminar las ganancias como incentivo para que las empresas operen, a cuestionar la globalización comercial y financiera, etc, etc.

 

Si bien las manifestaciones de “indignados” se dieron en casi un millar de ciudades del planeta, aún son minoritarias en lo que respecta al volumen, a la cantidad de manifestantes. Probablemente el éxito o fracaso de este nuevo movimiento esté entrelazado con lo que suceda en materia económica en el mundo, con la evolución del empleo y el desempleo, con las expectativas de los jóvenes respecto a su futuro. Pero si nos guiamos por las consignas que sostienen estas personas difícilmente sirvan para solucionar los problemas económicos de los países en crisis. No es eliminando las ganancias como las empresas van a administrar sus recursos de manera más eficaz y eficiente. No es reduciendo la globalización, es decir, la mayor integración económica entre miles de millones de personas en el mundo, como se eliminará la crisis actual. Sí, probablemente, estén en lo cierto los “indignados” respecto a los privilegios que tienen los bancos en nuestra época (que no es de ahora, sino de hace ya largas décadas). No es emitiendo toneladas de dinero por parte de los bancos centrales, para dárselas a los bancos, como se solucionarán los problemas de capitalización y malos activos de aquellas entidades.

 

Los “indignados” lucen más como un “revival” de otros grupos pasados a favor de un sistema más recostado en ideas socialistas, intervencionistas y dirigistas en materia económica. Confunden la ayuda estatal a los bancos de la actualidad con el sistema capitalista (leer este artículo de Juan Ramón Rallo al respecto). Confunden a la globalización como uno de los elementos culpables de la crisis. Creen que la economía es un “juego de suma cero”, por eso piden menores ganancias empresariales. Por ahora no son políticamente relevantes, pero el descontento en aquellos países occidentales desarrollados puede ir creciendo, a medida que se haga cada vez más claro que el enorme Estado de bienestar (con el gasto público promediando entre 45 y 55% del PIB) es insostenible. Por último, un artículo sobre los “indignados” de Wall Street, escrito por Anthony Gregory,  otro de Jeffrey Tucker y el último de Michael Tanner.

Cuánto gastan las empresas en seguridad?

El matutino Siglo 21 acaba de darnos una idea de cuánto gasta el sector privado en seguridad:  las empresas elevaron de 8% a 12% su inversión en seguridad en los últimos tres años de acuerdo a la  última Encuesta Empresarial según lo señala el  matutino.    Esos costos han aumentado por el costo de las alarmas, de las rejas así como la contratación de agentes de seguridad privada.

Esto debería de ser parte de la plática cuando los organismos internacionales y los funcionarios de gobierno señalan  (casi en coro) que no pagamos suficientes impuestos.   Lo que pasa es que no tienen incluído este monto ya que ‘’eso es aparte’’.     Como la seguridad debiera  proporcionarla el estado (y no lo hace),  entonces el sector privado tiene que proveérsela por si mismo.   Ese gasto en seguridad  se suma a los costos de producción de las empresas  y, eventualmente,  le resta competitividad al sector productivo del país.   Tengamos esto en mente cuando nos critican que el sector privado no paga suficientes impuestos.

Deuda para pagar intereses

Cuando  Guatemala tenía  una deuda relativamente baja y los organismos internacionales venían a ofrecernos créditos,  se pensaba que no llegaríamos al límite de nuestro endeudamiento.    El matutino Prensa Libre de hoy nos dió una sorpresa al resaltar  una información que usualmente no está disponible y se trata de cómo está la deuda pública de  Guatemala.    El detalle de la noticia es que Guatemala  debe pagar en el 2012 la cantidad de Q9 mil 71 millones para abonar a su deuda pública (de los cuales el 71% serán para pagar intereses y el resto para abonar a capital)  lo cual elevará en 11.6% la deuda total,  según el Ministerio de Finanzas.    Para el 2011 la deuda llegará a Q82 mil 616 millones y el mismo  Ministerio de Finanzas proyecta que el saldo de la deuda a finales del 2012 será de Q92mil 242 millones.   Hay otra cifra alarmante:  entre 1995 y el próximo año (2012) la deuda se habrá incrementado en 675% (es decir,  en escasos 17 años).

Lo insólito es que la deuda anterior no se ha usado para inversión (digamos en infraestructura) sino que se ha usado para gasto corriente (es decir, para pagar sueldos del estado).   Juzgue ud mismo estimado lector,  como ha sido la política económica del país?  Las cifras y los montos (y los resultados a nuestro alrededor)  lo dicen todo.

La montaña rusa de la deuda pública de los países desarrollados

Encontré en la página del Fondo Monetario Internacional una nota referente a la deuda pública de los países desarrollados, en relación al Producto interno bruto. Observamos en la gráfica que durante los 30 años previos a la primera guerra mundial el peso de la deuda pública sobre la economía disminuye significativamente, del 45% al 23% del PIB. En los casi 25 años siguientes (1914-1946) en los cuales se desarrollaron las dos guerras mundiales y la crisis del 30 la relación deuda/PIB crece hasta llegar al récord de 150% en 1946. A partir de ese momento y por los siguientes 30 años el ratio deuda/PIB disminuye ininterrumpidamente para llegar a mediados de la década del setenta al 30%. A partir de ese momento se observa una escalada constante hasta la actualidad, donde la relación deuda/PIB bordea el 100%.

 

Una vez planteados los hechos vayamos al análisis de los mismos.  Cuando un gobierno recauda 100 unidades monetarias y gasta 120 unidades monetarias, hay un déficit fiscal. Este desequilibrio fiscal puede ser financiado por endeudamiento, es decir, por recursos que alguien le presta al gobierno con la expectativa de cobrar en el futuro no sólo lo que prestó sino intereses. La evolución del ratio deuda pública/PIB que relatamos en el primer párrafo puede mover a engaño. Que dicha relación haya bajado en algunos lapsos (1880-1914 y 1946-1975) no significa solamente que el stock de deuda haya bajado sino que la velocidad a la cual crece la deuda sea menor a la velocidad a la cual crece el PIB. Y eso es lo que debe haber sucedido porque desde después de la primera guerra mundial podríamos decir que en el 80% de los años los fiscos de los países desarrollados tuvieron desequilibrio. Pero el período de la segunda posguerra a mediados de los años setenta fue uno de altas tasas de crecimiento económico. Pero también de significativos déficit fiscales. ¿Por qué sucedió eso? Después de la segunda guerra mundial comienza a estructurarse definitivamente lo que luego se llamaría Estado de Bienestar, es decir, ese sistema estatal de subsidios y gastos “sociales” (vivienda, educación, salud, jubilaciones, seguro de desempleo, etc, etc.).

 

Pero también, observando la gráfica de la ratio deuda/PIB, tenemos que tener cuidado en sacar conclusiones rápidas por otras razones. Si bien podríamos afirmar que después de los años 30’s los déficit fiscales comenzaron a ser parte del escenario económico habitual hay que tener en cuenta el canal de financiamiento del mismo. Habíamos dicho que uno era la deuda, pero otro podría ser el financiamiento monetario a través del banco central. Más claro: ante la necesidad de conseguir recursos no tributarios el gobierno solicita al banco central que emita dinero y se lo preste. Mi duda es la siguiente: este tipo de deuda, la que contra el gobierno con el banco central, ¿está siendo considerada dentro de la gráfica? Porque muchas veces se deja de lado la deuda intra-sector público, es decir, la deuda que tiene el gobierno con otros organismos públicos como pueden ser el banco central, los fondos de pensión estatales o bancos estatales. Y sólo se consideran aquellos pasivos que tienen los gobiernos con los mercados voluntarios de deuda (fondos de inversión, particulares, etc.).

 

Para terminar: el crecimiento del stock de deuda estatal en relación al PIB que se viene manifestando en los últimos 30 años en los países desarrollados muestra la no sostenibilidad del esquema. En algún momento el gobierno deja de tener crédito y tiene que hacer el ajuste. ¿Estamos frente a ese momento o aún los gobiernos de los países desarrollados tienen margen para seguir endeudándose a una velocidad mayor de lo que crece su economía?