La importancia del gobierno de Piñera
El triunfo en las elecciones presidenciales de Sebastián Piñera es saludable en varios sentidos. En primer lugar porque pone fin a un ciclo ininterrumpido de dos décadas de gobiernos de los partidos de la Concertación: la alternancia en el poder parecería ser un elemento distintivo de las democracias republicanas y también un elemento positivo ya que hace más competitivo el sistema, es decir, el hecho de que no sea siempre el mismo partido el triunfador obliga a los candidatos a mejorar las propuestas de políticas públicas frente al electorado (aunque hay que reconocer que la alternancia muchas veces no conduce a una mejora de la vida en las poblaciones ya que los partidos triunfantes proponen soluciones inadecuadas para mejorar el bienestar de la gente). En segundo lugar, Piñera gobernará sólo 4 años (en Chile no hay reelección) y sabe que deberá iniciar rápidamente un proceso de cambios para lograr que la economía chilena regrese a las altas tasas de crecimiento que la caracterizó en tiempos anteriores. No es que la economía chilena se encuentre en una situación crítica o decadente, como muchos países vecinos o de la región (Argentina, Venezuela o Bolivia) pero entre 1995 y 2008 la tasa de crecimiento promedio de Chile llega al 4,6%. Lejos de la performance lograda por ejemplo por Botswana (6,15%), la perla africana, o por Irlanda (6,6%), la hasta hace poco joya de la Unión Europea, o por las repúblicas de Estonia, Lituania y Letonia (un 6% en promedio). Los 10 mil dólares de ingreso per cápita chilenos los pone cada vez más cerca del grupo de países desarrollados del planeta, aunque todavía lejos: Portugal tienen un promedio de 22 mil dólares anuales, Grecia de 30 mil y España de 35 mil. En tercer lugar, los procesos políticos y económicos de un país siempre pueden repercutir en la región. El hecho que Chile dé comienzo a un nuevo proceso de reformas económicas puede tener influencia en países que necesitan más que el agua en el desierto estos cambios. De la pobreza se sale con reformas institucionales que garanticen la propiedad privada y así incentiven las inversiones para de esa manera mejorar la productividad laboral y, por ende, los salarios de la gente. Lamentablemente, la década que termina en Latinoamérica se ha caracterizado en mayor medida por la llegada de gobiernos populistas socialistoides que han logrado reducir el nivel de vida de su población y empañar su futuro. El nuevo gobierno chileno puede ser una bocanada de aire fresco y revertir esta situación en caso que se implementen los cambios necesarios y logren éxito.



