El estado guatemalteco, como muchos otros países del orbe, vendió algunas de sus empresas hace ya unos años. Según esta nota de Prensa Libre, entre 1998 y 2001 el estado recibió 9,600 millones de quetzales por la venta, entre otras empresas, de la empresa telefónica Guatel. A valores actuales, considerando una tasa de interés del 3% anual, serían casi 13 mil millones de quetzales. Si lo traducimos a dólares unos 1,600 millones. Hasta acá los datos.
Pregunto: ¿qué haría un empresario si vendiera algún activo? ¿Cancelaría deudas? ¿Aumentaría los salarios de sus empleados? ¿Se gastaría el dinero para redecorar las oficinas de todos los empleados de la organización? ¿Les regalaría a todos los empleados un viaje a alguna playa caribeña? Podría hacer cualquier de estas cosas, pero la regla básica que hubiera tenido que seguir es la primera: pagar deudas. De esa manera cancelaría un pasivo con la venta del activo. ¿Qué paso en el estado guatemalteco? Según datos del Banguat, la deuda externa del estado guatemalteco se incrementó en 1,000 millones de dólares entre 2001 y 2009. Y, en el mismo período, la deuda interna pública aumentó en casi 2,600 millones de dólares (de 9,281 millones de quetzales a 30,598 millones de la misma moneda, calculado en dólares según cotización anual respectiva). Es decir, entre 2001 y 2009 el estado guatemalteco aumentó su stock de deuda en 3,600 millones. Según Prensa Libre unos 4 mil millones de quetzales (500 millones de dólares) se utilizaron para pagar deuda pública. Obviamente los 1,100 millones de dólares restantes (estimo que se habrán colocado al menos a una tasa del 3%, como lo calculado en el párrafo anterior) provenientes de las ventas de empresas estatales fue a financiar gasto corriente. Gasto que usualmente, en nuestros países, está orientado a comprar votos y no a generar un clima adecuado para que las inversiones lleguen al país y así sacar a los pobres de la pobreza. Esos dineros quizás fueron, en el mejor de los casos, y sin considerar la corrupción en el reparto de los mismos, usados para distribuir entre los pobres a través de programas asistenciales. Pan para hoy y hambre para mañana.
Hoy se terminó ese fondo de miles y miles de quetzales. Y los pobres siguen siendo pobres. Lo inteligente hubiera sido crear condiciones adecuadas para hoy tener una mayor actividad económica y así no tener que andar buscando reformas fiscales para aumentar la carga impositiva. Usar parte de ese dinero en una reforma del Estado que lograra garantizar los derechos de propiedad y la seguridad física de los habitantes. Ahora lo que habría que hacer es auditar, en última instancia, el uso de los recursos de las privatizaciones. Pero nada más. Mirar hacia delante, diseñando e implementando las reformas de fondo que pueden hacer que más guatemaltecos salgan de pobres: un Estado con menos funciones accesorias y más funciones primarias (seguridad y justicia); una estructura tributaria que suponga simplificar el pago de impuestos y una carga tributaria menor para aquellos que quieran invertir en el país; avanzar sobre más tratados de libre comercio al mismo tiempo que se lleva adelante un proceso rápido de apertura unilateral (no hay que esperar que otros países bajen sus barreras a las exportaciones guatemaltecas, hay que abrir las propias fronteras para aprovechar toda la tecnología, la calidad y precios que ofrece el mundo).